IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Entre precipicios manufacturados,
elegimos nuestros pasos,
pero no los senderos,
cauces de venenoso elixir,
caen, entre cascadas de ahogada hambruna,
silente voluptuosidad en el viento,
que talla con minuciosidad,
los pensares benditos de todo muerto,
en aquella altura,
la soltura de una pluma se abre paso,
agotados de tanto sembrar,
admiramos el cielo,
en busca de un conocimiento invisible,
escuchamos las estrofas de una liberación,
recitadas por las trompetas del sol,
la luna ha muerto,
el sol se ha inmolado,
ahora la noche es eterna.
elegimos nuestros pasos,
pero no los senderos,
cauces de venenoso elixir,
caen, entre cascadas de ahogada hambruna,
silente voluptuosidad en el viento,
que talla con minuciosidad,
los pensares benditos de todo muerto,
en aquella altura,
la soltura de una pluma se abre paso,
agotados de tanto sembrar,
admiramos el cielo,
en busca de un conocimiento invisible,
escuchamos las estrofas de una liberación,
recitadas por las trompetas del sol,
la luna ha muerto,
el sol se ha inmolado,
ahora la noche es eterna.