Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sin final, sin principio, por las olas
del silencio. Encogido, solitario,
en el frío elemento tumulario
escuchaste el conjuro de las violas.
Despertaste fragante de amapolas,
desterrando los miedos, al calvario
que a las sombras te ataba, carcelario.
Te llamaron benditas aureolas
con sus coros, las voces celestiales
floreciendo. Tus ojos se arroparon
con el oro de alados firmamentos,
va, pensiero, en las alas que llegaron
a encontrarte, ve y vuela con los vientos
los ignotos caminos siderales.
Dvaldés