Ibrahim Sadhid
Poeta recién nacido
Sueño que camino por un cementerio,
vorágine me muevo entre la penumbra,
pisando sobre los cadáveres viejos,
observo las límpidas tumbas.
Sueño que camino por un cementerio,
mi cuerpo se agita, deambula,
escucho los huesos sonar a mis pasos,
percibo celajes, rostros y sombras.
Sueño con ángeles y demonios,
sueño que estoy en un sanatorio,
sueño serpientes, sueño corderos,
sueño con niños que desaparecieron,
me sueño en el averno
sueño que ardo y no me quemo.
Sueño que sueño,
sueño que vivo despierto,
me sueño muriendo,
me sueño viviendo,
soñar que se vive,
soñar que se sueña,
¡yo vivo!
¡yo muerto!
Sueño que camino por un cementerio,
vorágine me muevo entre la penumbra,
pisando sobre los cadáveres viejos,
observo las límpidas tumbas.
¡Canto a las almas perdidas!
canto a las almas caídas.
¡canto a los que aman la vida!
Una serpiente me besa en la boca,
abro los ojos de prisa,
un árbol inmenso en una pradera,
camino por muchas espigas.
Llevo un puñal en la mano derecha,
un macho cabrio me espera,
clavo el puñal en el cuello...
el pobre animal tiembla muriendo,
bebo su sangre jugosa,
dibujo en mi cara una risa sardónica,
luego me encuentro gritando:
¡Baco! ¡Amigo! déjame despertar,
mezcle agua con vino,
me siento fatal.
Acaricio flores de multicolor,
de pronto en la espalda siento dolor,
el cielo oscuro como un manto negro,
me agito, vomito,
me siento perdido.
Deslizo la mano siniestra,
siento escalofrío al tocar una puerta,
algo golpea mi rostro,
de pronto escucho:
¡Estación palo verde!
¡Estación palo verde!
me estiro me río,
no puedo creerlo,
debí bajar en los dos caminos
borracho quedé dormido en el metro.
vorágine me muevo entre la penumbra,
pisando sobre los cadáveres viejos,
observo las límpidas tumbas.
Sueño que camino por un cementerio,
mi cuerpo se agita, deambula,
escucho los huesos sonar a mis pasos,
percibo celajes, rostros y sombras.
Sueño con ángeles y demonios,
sueño que estoy en un sanatorio,
sueño serpientes, sueño corderos,
sueño con niños que desaparecieron,
me sueño en el averno
sueño que ardo y no me quemo.
Sueño que sueño,
sueño que vivo despierto,
me sueño muriendo,
me sueño viviendo,
soñar que se vive,
soñar que se sueña,
¡yo vivo!
¡yo muerto!
Sueño que camino por un cementerio,
vorágine me muevo entre la penumbra,
pisando sobre los cadáveres viejos,
observo las límpidas tumbas.
¡Canto a las almas perdidas!
canto a las almas caídas.
¡canto a los que aman la vida!
Una serpiente me besa en la boca,
abro los ojos de prisa,
un árbol inmenso en una pradera,
camino por muchas espigas.
Llevo un puñal en la mano derecha,
un macho cabrio me espera,
clavo el puñal en el cuello...
el pobre animal tiembla muriendo,
bebo su sangre jugosa,
dibujo en mi cara una risa sardónica,
luego me encuentro gritando:
¡Baco! ¡Amigo! déjame despertar,
mezcle agua con vino,
me siento fatal.
Acaricio flores de multicolor,
de pronto en la espalda siento dolor,
el cielo oscuro como un manto negro,
me agito, vomito,
me siento perdido.
Deslizo la mano siniestra,
siento escalofrío al tocar una puerta,
algo golpea mi rostro,
de pronto escucho:
¡Estación palo verde!
¡Estación palo verde!
me estiro me río,
no puedo creerlo,
debí bajar en los dos caminos
borracho quedé dormido en el metro.