Yolena Sanfernan
Poeta fiel al portal
VIVIR EN EL DESIERTO
Capítulo V
Capítulo V
Al estar sobre nosotros, éramos seis, junto con cuatro de nuestros Numídios (según los romanos). Nos rodearon, no paraban de moverse, ensalzando sus dagas al cielo gritando, y señalándonos. Pero afortunadamente, tuvimos suerte. Conocían a nuestros numídios-bereberes. Solo querían negociar con ellos nuestra libertad.
Pasamos casi una hora, envueltos en discusiones que no entendíamos, y en lo que cabe, yo estaba tranquila, sabía que no sucedería nada malo, era un presentimiento que vencía el miedo.
¡Al fin! ¡Nos dejaron libres! Continuamos nuestro camino hacia Damasco ¡Que ganas tenía de llegar! Llorar, abrazarnos, y saber que estábamos bien. Al llegar, no pudimos ni hablar, solo unos a otros nos mirábamos y con lágrimas en los ojos, nos abrazamos. Allí dormimos en una pequeña pensión ¡bien! Teníamos duchas. ¡Por fin!

Siguiente mañana, como de costumbre, salimos a las cuatro de la mañana. Un recorrido en 4x4, para admirar la magnitud arquitectónica de los romanos. Hoy nos mirábamos, pero no salían palabras, teníamos miedo.
Al llegar a la frontera de Siria, paramos, pero a punta de fusiles. Algo muy normal, en la frontera sirio-libanesa, para tramites de visado, donde no tuvimos problemas. Continuamos hasta Baalbeck.
El conjunto de templos romanos de Baalbeck, es el más monumental y bien conservado de cuantos se construyera bajo el Imperio Romano. Está situado en pleno Valle de la Bekaa con vistas al Monte Líbano y al Antilibano.
Líbano fue siempre la puerta de Asia y de Oriente, o el último puerto asiático para otros. Ciudad cosmopolita donde las culturas de diverso influjo oriental y occidental se entremezclan. Beirut, la ciudad que nunca muere, permite indagar en la realidad social y politica del pais de los Cedros.
También pudimos llegar a Trípoli. En la antigüedad , Trípoli fue centro de la confederación fenicia, formada con los distritos de Tiro, Sidón y Ruad. Siendo este concepto el origen del topónimo, ya que Trípoli significa ciudad triple en griego.
Lo que allí vivíamos, es algo inexplicable, algo que quedó dentro de nuestros sentimientos y nuestro corazón. No podíamos explicarle a nadie lo ocurrido, nos dedicábamos a observar, sentir y sin tener hablar, no era necesario, no había palabras.
Allí, no había conexión con el mundo material, allí imperaba la naturalidad. No había televisión, ni radio, ni celular, ni comunicación exterior.
En el desierto, la comunicación es un tambor, el que te indicará, las horas, la obligación, de comer, recoger animales, cenar. Y tras el té tocaban a reposar, pensar, admirar o rezar. ¿Qué más da? Tocaba lo que tocaba, descansar con plena libertad.
Allí no existe el reloj ni el tiempo. Reloj ¡que mal invento!. Allí son la luna y el sol, quienes miden el tiempo.
Mi alma sentía dolor, al comprobar nuestras innecesarias necesidades, excesivas, desmesuradas. Comparadas con lo que vivíamos allí. Ellos no necesitan nada, solo vivir.
Pueblo de bereberes, pueblo del desierto, conocidos como los hombres Azules, a quienes consideramos nuestra familia, nuestros guardianes.
Tras lo vivido sabía que, sin aún entenderlos, nos querían y con ellos nos sentíamos arropados.
Los sonidos en el desierto, son únicos, no hay eco, no hay reverberación. Es como un golpe seco, entre la arena y el sol.

La comunicación era por señas y dibujos del Zahorí, en la arena. Esa era nuestra pizarra y nuestro papel. Los acuerdos, se firmaban en ella. Tomando un té, sobre la arena, y el Zahorí, con la barita de abedul marcaba allí las pautas.
El Zahorí, es el maestro, mentor y profeta. Es a quién hay que seguir. Profeta quiere decir, aquél capaz de ver en lo oculto. Pero, para mí el problema era, el ser una mujer. La mujeres, allí, no pueden mirar los ojos de los hombres. Se considera una ofensa, una traición. La mujer ha de ser sumisa, caminar tras el hombre, callada y mirando siempre al suelo, sin expresión.
De tantos días, pasando calamidades, y viviendo algo totalmente nuevo, llegué a sentir un placer único. LA NADA. Imaginaos, por un momento, sentir la nada, ni un solo ruido, nada de nada. Ni una sola respuesta al aullido de tus palabras. La arena lo absorbe todo, igual que el mar. Sentía ser una pizca de arena en medio de la nada, en medio de tal magnitud y belleza, al sentir dentro de mi alma la inmensidad de la naturaleza.
La vista se aguza, al cambiar las dunas de forma y lugar, percibes movimientos, y con ellos sombras, cosas o personas. Llamados espejismos ¿Reales o sueños?.
Me siento feliz y afortunada, al haber podido realizar este viaje. Y aquí, os dejo amigos, con estas imágenes, para que dejéis volar vuestra mente en el desierto. Algo que realmente recomiendo.
Yolena Sanfernan
 
 
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