Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Me salí. Quería comprar otro libro de poemas de Bukowski comer enfrente de los viveros. Me encanta mirar los árboles. En la línea de vista hacia lo verde
estaba sentado un hombre como los que a mí me gustan. Lo vi, pero lo que me importaba era la masa verde que forman los árboles, me relaja verlos.
Me los quedé mirando fijamente, ida de la mente.
Cuando me sirvieron, me dediqué a comer, pero al alzar la vista él me estaba viendo y me sonreía. Pedí el café y me puse a ver mi celular, él veía su tablet.
Me dieron la cuenta, fui hacia la caja, él fue tras de mí. Pagué, luego él pagó.
Fui a mi coche, él fue al suyo. Me entretuve a propósito. Salió del estacionamiento,
tras él, yo, ingresamos al arrollo. Él dio vuelta a la derecha.
Por el retrovisor vi que se detuvo a medias en la vuelta, como si dudara, pero luego continuó.
A estas alturas del partido estuve a punto de ligar.
La suerte siempre ha sido anacrónica conmigo. Cuando quiero, no se puede. Cuando se puede ya no quiero.
Llegué a la librería, busqué los libros de Bukowski. No había bilingües, en inglés solo novelas, así que tomé uno traducido.
En casa, verifiqué el nombre del traductor. No era el mismo de Pamplona, menos mal, este es de Barcelona.
Lo busqué en Wikipedia. Licenciado en derecho y doctorado en Filología.
Viene una foto. Me sorprendió, yo había visto antes esa cara.
Me apené, creo que le había faltado al respeto.
estaba sentado un hombre como los que a mí me gustan. Lo vi, pero lo que me importaba era la masa verde que forman los árboles, me relaja verlos.
Me los quedé mirando fijamente, ida de la mente.
Cuando me sirvieron, me dediqué a comer, pero al alzar la vista él me estaba viendo y me sonreía. Pedí el café y me puse a ver mi celular, él veía su tablet.
Me dieron la cuenta, fui hacia la caja, él fue tras de mí. Pagué, luego él pagó.
Fui a mi coche, él fue al suyo. Me entretuve a propósito. Salió del estacionamiento,
tras él, yo, ingresamos al arrollo. Él dio vuelta a la derecha.
Por el retrovisor vi que se detuvo a medias en la vuelta, como si dudara, pero luego continuó.
A estas alturas del partido estuve a punto de ligar.
La suerte siempre ha sido anacrónica conmigo. Cuando quiero, no se puede. Cuando se puede ya no quiero.
Llegué a la librería, busqué los libros de Bukowski. No había bilingües, en inglés solo novelas, así que tomé uno traducido.
En casa, verifiqué el nombre del traductor. No era el mismo de Pamplona, menos mal, este es de Barcelona.
Lo busqué en Wikipedia. Licenciado en derecho y doctorado en Filología.
Viene una foto. Me sorprendió, yo había visto antes esa cara.
Me apené, creo que le había faltado al respeto.
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