Jcmch
Poeta veterano en el portal.
La mujer se posa en la solitaria colina de verano.
Sus vestidos negros vuelan con el sereno helado de la mañana.
Su castillo ensombrecido se yergue en el horizonte grisáceo
nubes de lluvia crecen en la soledad del tiempo.
Su padre, el rey, bebe la sangre de sus enemigos.
Empala sus cabezas derrotadas en las colinas heladas.
Ella eleva su mirada al infinito horizonte con ansias de escapar.
Sus cabellos negros y lacios bailan al son de la helada corriente de aire.
Ella será sacrificada en ritos paganos de desolación.
Ella derramará su sangre en el altar para gloria y honra de dioses asesinos.
El siglo medieval se llevará sus huesos
los hará polvo en las corrientes de la historia.
Su figura oscura y solitaria se mezcla con la naturaleza.
Luce como una negra estatua de edades perdidas de reinos vencidos.
Solo piensa en su amor; aquel hombre de plata
que juró regresar, para ambos morir en las aguas del pensamiento.
Los coros gregorianos casi se pueden escuchar en los anales de Bretaña.
Siente en su corazón la singular pasión y esperanza
de esas voces celestiales, que casi se oyen
como un murmullo de viento marino.
Una lagrima despierta y brilla en su ojo.
La abandona pronto para convertirse en olvido.
Ella lentamente cae como las hojas secas y muertas del otoño
tan dulcemente, tan tristemente
y se entrega en un llanto profundo de dolor y desdicha.
Sus vestidos negros vuelan con el sereno helado de la mañana.
Su castillo ensombrecido se yergue en el horizonte grisáceo
nubes de lluvia crecen en la soledad del tiempo.
Su padre, el rey, bebe la sangre de sus enemigos.
Empala sus cabezas derrotadas en las colinas heladas.
Ella eleva su mirada al infinito horizonte con ansias de escapar.
Sus cabellos negros y lacios bailan al son de la helada corriente de aire.
Ella será sacrificada en ritos paganos de desolación.
Ella derramará su sangre en el altar para gloria y honra de dioses asesinos.
El siglo medieval se llevará sus huesos
los hará polvo en las corrientes de la historia.
Su figura oscura y solitaria se mezcla con la naturaleza.
Luce como una negra estatua de edades perdidas de reinos vencidos.
Solo piensa en su amor; aquel hombre de plata
que juró regresar, para ambos morir en las aguas del pensamiento.
Los coros gregorianos casi se pueden escuchar en los anales de Bretaña.
Siente en su corazón la singular pasión y esperanza
de esas voces celestiales, que casi se oyen
como un murmullo de viento marino.
Una lagrima despierta y brilla en su ojo.
La abandona pronto para convertirse en olvido.
Ella lentamente cae como las hojas secas y muertas del otoño
tan dulcemente, tan tristemente
y se entrega en un llanto profundo de dolor y desdicha.