Manolo Martínez
Poeta fiel al portal
“Qué triste se oye la lluvia en los techos de cartón” cantaba el venezolano Ali Primera en la radio de mi vieja camioneta, justamente cuando yo llegaba a mi querida villa luego de una larga jornada de trabajo.
Y ya que nombré mi villa, hoy les voy a contar sobre la misma. Originalmente fue un loteo que realizó un gobierno de turno para entregar terrenos a matrimonios jóvenes que no poseían vivienda. Lo que hicieron fue delimitar dichos terrenos y entregarlos, así, sin nada, sin percatarse previamente que los mismos no contaban con servicios públicos; sí, los entregaron sin agua corriente, sin cloacas, sin luz eléctrica, etc. y dejaron a sus adjudicatarios “a las buenas de Dios” para que ellos se encargaran de todo. Con la ayuda y la buena voluntad de todos los vecinos, luego de reunirse y conocerse entre todos ellos, fueron logrando a través de muchos trámites burocráticos, primeramente tener el tendido de luz eléctrica y luego el agua domiciliaria. Así fue como se “fundó” mi villa.
Y como en toda villa, también allí surgieron diferencias, las cuales fueron solucionadas luego de varias reuniones y votaciones mayoritarias, lográndose de esta forma demarcar el lugar e instalar en forma definitiva la plaza central, la salita médica de primeros auxilios, el destacamento policial, la parroquia, la escuela y el club deportivo.
En mi villa todo lo poco que hay se lo hizo y construyó con mucho esfuerzo y sacrificio, y lo que la hace más bonita, es que nos ofrece la posibilidad de hacer en ella muchísimas cosas. Lo mas importante y valioso que tiene entre sus viviendas y sus calles es su gente humilde, generosa y buena. Gracias a Dios, aquí viven todos en paz, sólo peleándole al trabajo que a veces falta, ganándose el pan con el sudor de sus frentes y tendiendo la mano de ayuda al que lo necesita...
El nombre de la villa, el nombre surgió en forma innata: fue cuando llegó el primer Delegado Municipal a hacernos promesas electorales de grandes obras en nuestras calles y el primer Cura parroquial a hablarnos de que debíamos conformarnos y sufrir la pobreza aquí en la tierra para ser felices luego en el cielo; allí, en ambos casos, entre todos los vecinos, en forma muy respetuosa, les pedimos que no nos engañaran como si fuésemos niños o seres ignorantes y les pedimos que nos hablaran con el respeto que nos merecíamos y por sobre todas las cosas con la verdad. De allí, que deliberamos y quedó el nombre: “Villa La Verdad”.
Y ya que nombré mi villa, hoy les voy a contar sobre la misma. Originalmente fue un loteo que realizó un gobierno de turno para entregar terrenos a matrimonios jóvenes que no poseían vivienda. Lo que hicieron fue delimitar dichos terrenos y entregarlos, así, sin nada, sin percatarse previamente que los mismos no contaban con servicios públicos; sí, los entregaron sin agua corriente, sin cloacas, sin luz eléctrica, etc. y dejaron a sus adjudicatarios “a las buenas de Dios” para que ellos se encargaran de todo. Con la ayuda y la buena voluntad de todos los vecinos, luego de reunirse y conocerse entre todos ellos, fueron logrando a través de muchos trámites burocráticos, primeramente tener el tendido de luz eléctrica y luego el agua domiciliaria. Así fue como se “fundó” mi villa.
Y como en toda villa, también allí surgieron diferencias, las cuales fueron solucionadas luego de varias reuniones y votaciones mayoritarias, lográndose de esta forma demarcar el lugar e instalar en forma definitiva la plaza central, la salita médica de primeros auxilios, el destacamento policial, la parroquia, la escuela y el club deportivo.
En mi villa todo lo poco que hay se lo hizo y construyó con mucho esfuerzo y sacrificio, y lo que la hace más bonita, es que nos ofrece la posibilidad de hacer en ella muchísimas cosas. Lo mas importante y valioso que tiene entre sus viviendas y sus calles es su gente humilde, generosa y buena. Gracias a Dios, aquí viven todos en paz, sólo peleándole al trabajo que a veces falta, ganándose el pan con el sudor de sus frentes y tendiendo la mano de ayuda al que lo necesita...
El nombre de la villa, el nombre surgió en forma innata: fue cuando llegó el primer Delegado Municipal a hacernos promesas electorales de grandes obras en nuestras calles y el primer Cura parroquial a hablarnos de que debíamos conformarnos y sufrir la pobreza aquí en la tierra para ser felices luego en el cielo; allí, en ambos casos, entre todos los vecinos, en forma muy respetuosa, les pedimos que no nos engañaran como si fuésemos niños o seres ignorantes y les pedimos que nos hablaran con el respeto que nos merecíamos y por sobre todas las cosas con la verdad. De allí, que deliberamos y quedó el nombre: “Villa La Verdad”.
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