DIEGO
Poeta adicto al portal
... pero él siguió mirando a sus ardillas. Horas enteras mirándolas.
Las amaba. Volvía del colegio apurado por verlas.
Cierta vez, escuchó a una ardilla decir: -Viceversa, todo cambiará!-, y repentinamente se encontró dentro de la pecera, asustado; corriendo de un lado a otro.
Miró hacia arriba y vió una gran ardilla que lo observaba y le hablaba en un idioma que no entendía. Lloró. Lloró y gritó, entonces escuchó la voz de su madre decir: -Viceversa, todo cambiará!- y volvió a ser un niño normal mirando sus ardillas.
Asustado, alzó la pecera y corrió al bosque. Al llegar a un claro alejado de la casa, soltó a todas las ardillas, una por una.
Aún exaltado, volvió corriendo hacia su casa, pero al salir del bosque, se chocó... con un vidrio...
Las amaba. Volvía del colegio apurado por verlas.
Cierta vez, escuchó a una ardilla decir: -Viceversa, todo cambiará!-, y repentinamente se encontró dentro de la pecera, asustado; corriendo de un lado a otro.
Miró hacia arriba y vió una gran ardilla que lo observaba y le hablaba en un idioma que no entendía. Lloró. Lloró y gritó, entonces escuchó la voz de su madre decir: -Viceversa, todo cambiará!- y volvió a ser un niño normal mirando sus ardillas.
Asustado, alzó la pecera y corrió al bosque. Al llegar a un claro alejado de la casa, soltó a todas las ardillas, una por una.
Aún exaltado, volvió corriendo hacia su casa, pero al salir del bosque, se chocó... con un vidrio...