Ziler
Poeta recién llegado
Enfrentando al espejo no logro escandir mi corazón; solo veo un resquicio del lírico reo que pensaba que, escribiendo su calvario, iba a sopesar el dolor. Pero, con cada calamidad, los poemas han ido perforando mi pesimista ínsula hasta dejar un miedo que todavía susurra en mi torrente.
Inmensa y áspera es la bruma para transitar este averno implacable. Mientras alejo a los esbirros yertos y maldigo esta aciaga travesía, alcanzo el vestíbulo de Hades para hincar en el suelo mi estandarte, esa insignia que denosta al cadáver que aún sostiene un cigarrillo mientras describe un paisaje profético para su inevitable inexistencia.
Resulta una miseria de vida anhelar un verso inalcanzable, sabiendo que nunca se reconocerá mientras mi carne no abandone mis huesos. Solo cuando el chasquido insolente sentencie mi partida, apreciarán este arte vacuo como una oda solemne a mi despectivo sepulcro.
Inmensa y áspera es la bruma para transitar este averno implacable. Mientras alejo a los esbirros yertos y maldigo esta aciaga travesía, alcanzo el vestíbulo de Hades para hincar en el suelo mi estandarte, esa insignia que denosta al cadáver que aún sostiene un cigarrillo mientras describe un paisaje profético para su inevitable inexistencia.
Resulta una miseria de vida anhelar un verso inalcanzable, sabiendo que nunca se reconocerá mientras mi carne no abandone mis huesos. Solo cuando el chasquido insolente sentencie mi partida, apreciarán este arte vacuo como una oda solemne a mi despectivo sepulcro.