albin lainez
Poeta recién llegado
Era una jornada ordinaria en mi trabajo de sereno. A las dos de la mañana fui a buscar algo al vestuario. Reinaba un silencio total y el sueño me acechaba.
Allí en el callado y supuestamente vacío sector, ya que no había nadie más en la empresa, sobre una de las sillas un hombrecito color verde y de rostro apergaminado me miraba fijo. La sorpresa atravesó, gélida, todo el largo de mi espinazo.
Los dos quedamos atónitos sin decidir cómo actuar, y él, quizás para romper el hielo, me preguntó:
--¿tiene hora?-
Allí en el callado y supuestamente vacío sector, ya que no había nadie más en la empresa, sobre una de las sillas un hombrecito color verde y de rostro apergaminado me miraba fijo. La sorpresa atravesó, gélida, todo el largo de mi espinazo.
Los dos quedamos atónitos sin decidir cómo actuar, y él, quizás para romper el hielo, me preguntó:
--¿tiene hora?-