Víctor Morata Cortado
Poeta recién llegado
¿qué crees que no te pienso?
¿qué piensas que no te creo?
¿Acaso mis ojos no te dicen Amor?
¿Con que frialdad me lees que no comprendes?
Yo me sé amador,
Proclive al verso fácil,
A la lengua ágil
Que sólo busca tu calor.
Más antes de nadar en tus aguas
Ya ahogado parto,
Sin ánimo, sin lucro,
Sin ásperas esperas de creerme vencedor.
Imposible misión me encomiendo,
La de amarte sin poder hacerlo,
La de mirarte entre rubores de deseo,
Prohibida, amada, prohibida.
No puedo más que soñarte,
Y a veces ni eso,
No controlo yo mi seso,
Sólo a tiempos, solo en parte.
Son deseos que me arden
Hacía fuera y desde dentro,
Quemando mis entrañas,
Endureciendo todo mi sexo.
Políticamente correcto,
Tímidamente comedido,
Casi te arranco un beso,
Colmado de abrazos y seducido.
Te agarro y no deseo soltarte,
Te toco y necesito mezclarme,
Te sueño y muero al despertarme,
Tan sólo poseo el placer de amarte.
Que extenso es el mar,
Cuando a veces lo pienso,
Los peces que hay a mis pies,
Esos no se pescan.
Sólo debiera extender mis brazos,
Alargar mis manos y agarrar cualquiera
Pero se escurren, huyen y no vuelven,
Hacia el mar se alejan.
Mucho me recuerda esto a los sueños,
Cuando quieres correr te frenas,
Cuando hablar, enmudeces,
Cuando poseer... desposees.
Se escapa entre los dedos,
Una lagartija que serpentea,
Se esconde,
Inalcanzable se regodea.
¿Acaso crees que no te pienso?
Mi vida, tu eres para mi pensamiento,
No estar en mi mente es lo que no sucede,
No tenerte en mis brazos tampoco.
¿Qué piensas que no te creo?
Mi vida, tu eres mi credo,
No creerte es no existir,
No existir es igual a muerte.
¿Acaso mis ojos no te dicen Amor?
Que de amar ya están tan rojos,
De llorarte en las esquinas,
De evitarte cerca halagos.
¿Con qué frialdad me lees que no comprendes?
Quizá del libro de la vida no te enseñaran,
O aquel día no quisieras ni atender,
Pero ahora mírame, yo te enseño a leer.
No hay palabras más,
Sólo pensamiento,
Sólo deseo,
Sólo eso.
¿qué piensas que no te creo?
¿Acaso mis ojos no te dicen Amor?
¿Con que frialdad me lees que no comprendes?
Yo me sé amador,
Proclive al verso fácil,
A la lengua ágil
Que sólo busca tu calor.
Más antes de nadar en tus aguas
Ya ahogado parto,
Sin ánimo, sin lucro,
Sin ásperas esperas de creerme vencedor.
Imposible misión me encomiendo,
La de amarte sin poder hacerlo,
La de mirarte entre rubores de deseo,
Prohibida, amada, prohibida.
No puedo más que soñarte,
Y a veces ni eso,
No controlo yo mi seso,
Sólo a tiempos, solo en parte.
Son deseos que me arden
Hacía fuera y desde dentro,
Quemando mis entrañas,
Endureciendo todo mi sexo.
Políticamente correcto,
Tímidamente comedido,
Casi te arranco un beso,
Colmado de abrazos y seducido.
Te agarro y no deseo soltarte,
Te toco y necesito mezclarme,
Te sueño y muero al despertarme,
Tan sólo poseo el placer de amarte.
Que extenso es el mar,
Cuando a veces lo pienso,
Los peces que hay a mis pies,
Esos no se pescan.
Sólo debiera extender mis brazos,
Alargar mis manos y agarrar cualquiera
Pero se escurren, huyen y no vuelven,
Hacia el mar se alejan.
Mucho me recuerda esto a los sueños,
Cuando quieres correr te frenas,
Cuando hablar, enmudeces,
Cuando poseer... desposees.
Se escapa entre los dedos,
Una lagartija que serpentea,
Se esconde,
Inalcanzable se regodea.
¿Acaso crees que no te pienso?
Mi vida, tu eres para mi pensamiento,
No estar en mi mente es lo que no sucede,
No tenerte en mis brazos tampoco.
¿Qué piensas que no te creo?
Mi vida, tu eres mi credo,
No creerte es no existir,
No existir es igual a muerte.
¿Acaso mis ojos no te dicen Amor?
Que de amar ya están tan rojos,
De llorarte en las esquinas,
De evitarte cerca halagos.
¿Con qué frialdad me lees que no comprendes?
Quizá del libro de la vida no te enseñaran,
O aquel día no quisieras ni atender,
Pero ahora mírame, yo te enseño a leer.
No hay palabras más,
Sólo pensamiento,
Sólo deseo,
Sólo eso.