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Verde

AnonimamenteYo

Poeta adicto al portal
Verde es el espejo donde la luna se ahoga,
la sangre del sauce llora antes del alba;
el grillo abre a gritos las puertas del sueño,
el mar esmeralda reclama mis manos como algas.

Tus ojos verdes transforman en sed el rocío
—cuando los miro,
cuando no los miro—
y la boca… ay, tu boca:
¡quién alcanzara ese pétalo de amapola!

Hay un caballo verde galopando por mis venas.
Hay una muerte verde que sangra por mis labios.
Hay un amor verde, hermoso y desesperado,
que me devora de rabia,
una rabia tranquila,
sin pausa.

Lo sabe todo el que te mira.
La sierra donde el agua canta.
Lo saben hasta los ángeles
que, desde las chimeneas,
te vigilan, envidian y callan.
 
Verde es el espejo donde la luna se ahoga,
la sangre del sauce llora antes del alba;
el grillo abre a gritos las puertas del sueño,
el mar esmeralda reclama mis manos como algas.

Tus ojos verdes transforman en sed el rocío
—cuando los miro,
cuando no los miro—
y la boca… ay, tu boca:
¡quién alcanzara ese pétalo de amapola!

Hay un caballo verde galopando por mis venas.
Hay una muerte verde que sangra por mis labios.
Hay un amor verde, hermoso y desesperado,
que me devora de rabia,
una rabia tranquila,
sin pausa.

Lo sabe todo el que te mira.
La sierra donde el agua canta.
Lo saben hasta los ángeles
que, desde las chimeneas,
te vigilan, envidian y callan.
La esperanza, la frescura, pero también los celos y el dolor.
Sin dudas, una reflexión sobre la vida, la muerte y el amor que arde en el alma.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Verde es el espejo donde la luna se ahoga,
la sangre del sauce llora antes del alba;
el grillo abre a gritos las puertas del sueño,
el mar esmeralda reclama mis manos como algas.

Tus ojos verdes transforman en sed el rocío
—cuando los miro,
cuando no los miro—
y la boca… ay, tu boca:
¡quién alcanzara ese pétalo de amapola!

Hay un caballo verde galopando por mis venas.
Hay una muerte verde que sangra por mis labios.
Hay un amor verde, hermoso y desesperado,
que me devora de rabia,
una rabia tranquila,
sin pausa.

Lo sabe todo el que te mira.
La sierra donde el agua canta.
Lo saben hasta los ángeles
que, desde las chimeneas,
te vigilan, envidian y callan.
Maravilla, me encantó. Un gusto leerte.
 
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