Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Venenos de Acuario
En una noche de luna menguante,
bajo la sombra de un árbol caído
vi una bestia consumir delirante
los excesos del metal recibido.
Por esas aguas que un río llevaba
la suciedad alertó de la sangre,
cuando del rojo sudor ya asomaba
a la otra bestia que aúlla al alambre.
Y en una esquina de sombra cualquiera
bajo la fuerza que empuja al contrario,
se desgarró la materia ya muerta,
y puso fin a los cobres de acuario.
Nada se escucha en la noche mestiza
en cuya cuna adormece el misterio;
no es un secreto el estar en la urna,
su gravedad es por leve la triza,
el metálico común de la hambruna
con solitarios sonidos de hierro.
Blandiendo la agalla amarga de hiel
dejaron toda la vida en metales;
la quina mortal y azul de las heces
resbala en vasos tesoro de peces
escamas que brillan tras los cristales
agrios de granos que forman la piel.
En una noche de luna menguante,
bajo la sombra de un árbol caído
vi una bestia consumir delirante
los excesos del metal recibido.
Por esas aguas que un río llevaba
la suciedad alertó de la sangre,
cuando del rojo sudor ya asomaba
a la otra bestia que aúlla al alambre.
Y en una esquina de sombra cualquiera
bajo la fuerza que empuja al contrario,
se desgarró la materia ya muerta,
y puso fin a los cobres de acuario.
Nada se escucha en la noche mestiza
en cuya cuna adormece el misterio;
no es un secreto el estar en la urna,
su gravedad es por leve la triza,
el metálico común de la hambruna
con solitarios sonidos de hierro.
Blandiendo la agalla amarga de hiel
dejaron toda la vida en metales;
la quina mortal y azul de las heces
resbala en vasos tesoro de peces
escamas que brillan tras los cristales
agrios de granos que forman la piel.
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