esteban7094
Poeta recién llegado
I
¡Sensual, sensual, sensual!
Así danza la animalidad
Sobre el mármol de nuestra sonrisa filosófica.
¡Amor mío!
Tan sólo existimos
En el seno dulce de la soledad.
II
Fulge el deseo en la carne…
Y el silencio alborea hermosamente
Sobre la tumba pobre de nuestro bullicio.
Mis ojos lamen la orla
De tu ensueño escarlata
Y tú!
Cómo te curvas
-cual el alucinamiento de Colón-
Cuando te hundes en la luz perlada de mi espuma.
III
¡Ya sólo se vislumbran
Nuestros rostros en la quimera del amor!
Tan irreales, tan conturbados, tan de nadie…
En este lampo eterno
Somos simples locos que sufren lo banal y lo mudo,
Como Cristos inmaculados que se celebran
En lo alto de la cruz.
IV
Hete ahí pensando sin pensar…
-¡atroz lucubración!-
Lejana como el espíritu cuando el sentido se desvanece.
Hete ahí con tu corona de cuervos hondos!
Amando nada, sintiendo nada.
¡Qué fácil que es partir sin lo ausente!
Al fin y al cabo el mundo es más chico que el hombre.
V
Fluye el torrente de vino
Y el orgasmo bulle en la pupila desorbitada.
Vamos poseídos a la intemperie,
Entonando las sombras de mundos lejanos
Mientras de las aguas inescrutables del inconsciente
Surge un yo terrible que nos desprecia
Por ser su horrenda vanidad.
VI
En el invierno…
En esa blanda albura del invierno,
Yace la muerte crucificada en los maderos negros de la noche.
Oh!
Y nosotros sembrando la blasfemia,
Naufragando en la botella que se torna vorágine,
Vorágine que se hace amargo y ebrio beso
Que con lujuria exhibe el desbordamiento
De la fría mañana…
VII
El vino consuela a los tristes
Lord Byron
Y cuando ya no quede nada en la mesa,
En las manos, en el cansancio, en el espejo
O, mejor dicho, en el fondo del reflejo,
Estaremos desandando la vida a lo largo de la alameda,
Bajo el suspiro lánguido de la tarde exhausta,
Y adivinaremos en la melancolía que en vida
Son dos vidas las que simultáneamente marchan
Y que en la frente siempre hemos llevado
La belleza incandescente de algún abismo…
¡Sensual, sensual, sensual!
l. e. torres