Cuando aparece un ángel vengador, nacido desde la paranoia de su propia voz interior, que cruza las fronteras del Edén, para disfrazarse de cordero e intentar envenenar a los que cree sus semejantes... Merecedores de su ponzoña... Ponemos atención a las señales pero no con la presteza necesaria para detener al intruso agresor.
Si la paciencia es una virtud... entonces somos seres poco virtuosos.
En mi caso debiera ser más optimista y buscar un diálogo conciliador... sin exponer el cuello ante los sables que giren en derredor.
Una mano en el azadón y la otra en el bridón.
Valdría la pena iniciar la conversación y detener la automática animadversión.
Valdría...
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