Palpo la fiebre del mundo
con tu pensamiento insurrecto
en esta habitación deshabitada.
En el espejo nuestra imagen tirita
llena de sueño
y en las horas negras
una fina luz blanca nos baña los ojos
de orilla y extremo.
Somos muñecos
en el exílio del tiempo,
en la lejanía de unos labios,
en el presídio de un beso.
Las nubes pasan por la vida
como dedos que recorren un país extenso.
Dicen que los golpes dejan una herida que sangra,
la herida roja de la piel helada de desierto.
Pero nosotros no sangramos.
Nosotros nos salvamos.
Somos jodidos muñecos
que volamos por el viento.
Sin patria,sin palabras,
sin aliento...
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