Al final, el amor —aunque vacío o incierto— sigue siendo el impulso que nos mueve a cruzar montañas y a sobrevivir rutas inciertas. Quizás nunca dejemos de estar un poco perdidos, un poco locos… pero en esa locura, en ese deseo ingenuo y profundo, también se esconde la belleza de seguir
buscándose.
Saludos cordiales