URBANO, DEMASIADO URBANO
Las alternativas rosas de los semáforos
ofrecían hopalandas de rudo esparto
desde el burdel hasta el mar.
Suben los marineros borrachos la presurosa cuesta
asediados por el salitre y la urgencia.
Cuerpos de blandas texturas esperan las acometidas salvajes
y las cunas de los recién nacidos se transforman en relojes
De las boscosas llagas rosadas fluyen licores íntimos
y hay armarios de maderas nobles
que ríen al ser profanados.
Ordenadamente urbana la ciudad limpia sus miserias
Cárceles de solemnes ritos se abren al sol naciente
mientras los vasos de pórfido recogen la sangre
de los soberbios aristócratas decapitados.
Y todo parece en paz
urbano, demasiado urbano
el equilibrio insolente de las plegarias obscenas
triángulos equiláteros con incisiones sangrantes
escaparates velados por el rigor de la noche
las calles
siempre las calles
con las aceras mojadas
que son su mejor obra de arte de anónima procedencia.
Y entre vahos surge la hembra desde el sótano que ella embellece
y anula todas las horas para ofrecer un sólo momento de goce.
Desmontando prosaicas primaveras
llegan ruidosos corceles
nadie sabe de su origen
pues las praderas fueron abolidas
y clausuradas las rigurosas maestranzas
Sólo algún que otro caballero
calzando silenciosa espada
comprueba el cumplimiento
de aquella atroz ordenanza.
Siempre urbano el crucifijo horizontal de austero trazo
siempre húmeda la noble zona donde se arremolinan los sexos
siempre buscando oscuridades
en las que resuene el silencio de los quejidos del placer.
Los marineros ascienden las monumentales escaleras
hasta su cumbre acuciosa
donde tálamos de adustas velas
hechos de pecios como sarcófagos
les ofrecerán los cariciosos pechos y las rotundas caderas.
Todo urbano
demasiado urbano.
Las alternativas rosas de los semáforos
ofrecían hopalandas de rudo esparto
desde el burdel hasta el mar.
Suben los marineros borrachos la presurosa cuesta
asediados por el salitre y la urgencia.
Cuerpos de blandas texturas esperan las acometidas salvajes
y las cunas de los recién nacidos se transforman en relojes
De las boscosas llagas rosadas fluyen licores íntimos
y hay armarios de maderas nobles
que ríen al ser profanados.
Ordenadamente urbana la ciudad limpia sus miserias
Cárceles de solemnes ritos se abren al sol naciente
mientras los vasos de pórfido recogen la sangre
de los soberbios aristócratas decapitados.
Y todo parece en paz
urbano, demasiado urbano
el equilibrio insolente de las plegarias obscenas
triángulos equiláteros con incisiones sangrantes
escaparates velados por el rigor de la noche
las calles
siempre las calles
con las aceras mojadas
que son su mejor obra de arte de anónima procedencia.
Y entre vahos surge la hembra desde el sótano que ella embellece
y anula todas las horas para ofrecer un sólo momento de goce.
Desmontando prosaicas primaveras
llegan ruidosos corceles
nadie sabe de su origen
pues las praderas fueron abolidas
y clausuradas las rigurosas maestranzas
Sólo algún que otro caballero
calzando silenciosa espada
comprueba el cumplimiento
de aquella atroz ordenanza.
Siempre urbano el crucifijo horizontal de austero trazo
siempre húmeda la noble zona donde se arremolinan los sexos
siempre buscando oscuridades
en las que resuene el silencio de los quejidos del placer.
Los marineros ascienden las monumentales escaleras
hasta su cumbre acuciosa
donde tálamos de adustas velas
hechos de pecios como sarcófagos
les ofrecerán los cariciosos pechos y las rotundas caderas.
Todo urbano
demasiado urbano.
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