G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
Los tiempos que ahora imperan
no permiten acomodos,
empujando van con todo,
sometiéndonos a prueba.
No te extrañe que no avisen
y arruinen, sin más, tu siesta.
Tanto vale, tanto cuesta,
de antaño ya lo aprendiste.
Si hubo siempre primaveras
y también bellas mañanas,
por siempre brilló en el alma
la luz que de ti se espera.
"De tal palo, tal astilla..."
Así lo ve el pueblo llano.
Pero al palo del humano
sólo un corazón lo atisba.
Estos tiempos que se vienen
ya no admiten más demoras,
apurando van las horas
para que todo despierte.
Se despierta la palabra,
la virtud y los haberes,
tantos dones que se tienen
y lo añejo que acompaña.
Se despierta a lo profundo
lo que de allí trae causa
y desde lo hondo nos canta,
entre mucho, sólo UNO.
G.S.A.
no permiten acomodos,
empujando van con todo,
sometiéndonos a prueba.
No te extrañe que no avisen
y arruinen, sin más, tu siesta.
Tanto vale, tanto cuesta,
de antaño ya lo aprendiste.
Si hubo siempre primaveras
y también bellas mañanas,
por siempre brilló en el alma
la luz que de ti se espera.
"De tal palo, tal astilla..."
Así lo ve el pueblo llano.
Pero al palo del humano
sólo un corazón lo atisba.
Estos tiempos que se vienen
ya no admiten más demoras,
apurando van las horas
para que todo despierte.
Se despierta la palabra,
la virtud y los haberes,
tantos dones que se tienen
y lo añejo que acompaña.
Se despierta a lo profundo
lo que de allí trae causa
y desde lo hondo nos canta,
entre mucho, sólo UNO.
G.S.A.