Ya no estamos juntos,
pero me aferro a un universo donde el tiempo se pliega,
donde planetas giran al revés,
y en un espacio paralelo sin dolor ni despedidas
tú y yo navegamos en un mar de luces etéreas.
Allí, dos niños ríen con sonrisas que se disipan en el viento,
una casa crece sin paredes ni suelo,
un refugio hecho de susurros y gotas de lluvia,
donde las noches son abrazos suspendidos,
y el techo canta canciones que deshacen el silencio.
En ese mundo, el dolor es un eco lejano,
una sombra que se evapora antes de tocar la piel.
No hay heridas, solo caminos que se entrelazan,
ríos que fluyen sin final,
faros que arden en la niebla eterna.
Aunque no sea esta la realidad,
prefiero perderme en esa ilusión intangible,
donde tus brazos se vuelven viento,
y nuestros sueños son un jardín sin tiempo,
una luz que no se apaga ni se rompe.
Se siente tan real,
tan vivo,
tan nuestro…
que temo despertar,
porque al abrir los ojos,
solo queda el vacío,
el silencio,
la ausencia que no se puede tocar.
-Dior
pero me aferro a un universo donde el tiempo se pliega,
donde planetas giran al revés,
y en un espacio paralelo sin dolor ni despedidas
tú y yo navegamos en un mar de luces etéreas.
Allí, dos niños ríen con sonrisas que se disipan en el viento,
una casa crece sin paredes ni suelo,
un refugio hecho de susurros y gotas de lluvia,
donde las noches son abrazos suspendidos,
y el techo canta canciones que deshacen el silencio.
En ese mundo, el dolor es un eco lejano,
una sombra que se evapora antes de tocar la piel.
No hay heridas, solo caminos que se entrelazan,
ríos que fluyen sin final,
faros que arden en la niebla eterna.
Aunque no sea esta la realidad,
prefiero perderme en esa ilusión intangible,
donde tus brazos se vuelven viento,
y nuestros sueños son un jardín sin tiempo,
una luz que no se apaga ni se rompe.
Se siente tan real,
tan vivo,
tan nuestro…
que temo despertar,
porque al abrir los ojos,
solo queda el vacío,
el silencio,
la ausencia que no se puede tocar.
-Dior