¿Cómo describir aquella tarde?
El sol derramaba oro sobre mi rostro,
la brisa cantaba secretos en mi cabello,
y mis ojos eran espejos de estrellas fugaces,
mi corazón escapaba del pecho,
bailando con nervios en una fiesta sin fin,
y mis piernas temblaban como hojas al viento.
¿Por qué nombrar lo que el fuego iba a hacer,
si nos íbamos a fundir en un solo universo?
Tus manos, raíces que abrazaban mi cintura,
tus ojos, pozos negros donde la noche se hacía líquida,
tu pecho, un volcán que ardía contra el mío,
tu mano, un pincel recorriendo mi piel,
tus labios, miel suspendida en el aire,
desesperados por encontrarse con los míos.
Tus dedos deslizándose por ríos invisibles,
tus besos derritiendo el hielo del tiempo.
Alrededor, un incendio de sensaciones,
fuego que consume y acaricia,
un incendio que canta en la piel y en el alma.
El sudor es lluvia de un verano sin fin,
la respiración, un tambor que retumba en la noche,
tus manos aprietan las mías como anclas en el mar,
tu mirada, un faro que se aferra a la mía,
y en tu rostro nace una sonrisa,
un sol naciente en la penumbra del deseo.
Quisiera regresar a ese infierno sagrado,
a ese fuego que arde sin consumirse,
a ese fuego que aún me quema por dentro.
-Dior
El sol derramaba oro sobre mi rostro,
la brisa cantaba secretos en mi cabello,
y mis ojos eran espejos de estrellas fugaces,
mi corazón escapaba del pecho,
bailando con nervios en una fiesta sin fin,
y mis piernas temblaban como hojas al viento.
¿Por qué nombrar lo que el fuego iba a hacer,
si nos íbamos a fundir en un solo universo?
Tus manos, raíces que abrazaban mi cintura,
tus ojos, pozos negros donde la noche se hacía líquida,
tu pecho, un volcán que ardía contra el mío,
tu mano, un pincel recorriendo mi piel,
tus labios, miel suspendida en el aire,
desesperados por encontrarse con los míos.
Tus dedos deslizándose por ríos invisibles,
tus besos derritiendo el hielo del tiempo.
Alrededor, un incendio de sensaciones,
fuego que consume y acaricia,
un incendio que canta en la piel y en el alma.
El sudor es lluvia de un verano sin fin,
la respiración, un tambor que retumba en la noche,
tus manos aprietan las mías como anclas en el mar,
tu mirada, un faro que se aferra a la mía,
y en tu rostro nace una sonrisa,
un sol naciente en la penumbra del deseo.
Quisiera regresar a ese infierno sagrado,
a ese fuego que arde sin consumirse,
a ese fuego que aún me quema por dentro.
-Dior