Maroc
Alberto
¿Por qué brillan las estrellas cada noche?,
¿por qué brilla el sol cada mañana?,
no lo sé,
lo único que sé es que soy
diferente a los demás
pero la muerte se acerca de puntillas
para todos.
Los más ancianos contarán historias
de fantasmas y del tronco
homicida del terror,
hablarán de la tez morada
que dejan los golpes sobre
la carne tras la caída,
construimos la emboscada que taladrará
el final del mundo
mientras los peces aletean
y dan su última bocanada
el día que los cielos azules
de la tierra se desangran
arrojando un grito
que desgarra el corazón,
la luna estallará en mil pedazos
y cada trozo bañado en sangre,
como un toro muerto
con las heridas rojas,
espera ardiendo en el fondo
de un abismo donde habita
el silencio, eterno de los difuntos,
latiendo como poetas arrojados
a un profundo pozo.
Creo que nuestra destrucción
beneficia a la naturaleza
porque ayuda
a que crezcan los árboles
y esté limpio el cielo,
mira este planeta moribundo,
lloverá con desgana
y habrá metros que no llegarán
a ningún sitio,
nos hemos convertido en seres
de destrucción, fabricantes de muerte,
odio,
mentiras,
consumidores de lo innecesario,
monstruos,
planeamos matanzas de niños,
de pueblos,
intentamos acaparar los mercados,
las industrias,
el dinero,
torturamos,
matamos,
calumniamos,
exigimos la mitad más uno
de toda iniciativa económica,
explotamos a nuestros semejantes,
corrompemos a otros hombres,
creamos pobreza,
tendremos una noche negra eterna
y maligna cuando llegue
nuestro final
pero ahora no siento nada,
sólo prefiero estar solo
aunque no odio a nadie, a nadie.
Los recuerdos me atormentan
pero intento que no me afecten,
¿qué es lo que nos impide
extender la mano y alcanzar la gloria?,
¿podría ser nuestra naturaleza?,
seguramente nunca alcanzaremos
la perfección,
me gustaría que me dieras la mano,
que me regalaras tu mirada,
sería perfecto encontrar
unos brazos como dos alas
incapaces de negar un abrazo de placebo
mientras una locura de colores
iridiscentes rompe instrumentos
sin música que desaparecen
en un viaje hacia ninguna parte
llevando la guadaña,
un diablo de pesadilla saluda
sonriente a la infancia
que ha perdido su cuerpo en el abandono
y el sádico rompe en un chillido
de gozosa histeria
acogiendo al niño que viene
porque se va, se va
hacia las regiones lejanas
de paisajes sin sol ni sombra,
sin ternura y sin sonido de palabras
a su alrededor... negros lutos,
tumbas, lloros.
Me gusta llevar la contraria
por eso mi vida es tan dura,
hoy me parece que sólo
existe el dolor
porque creo que la muerte manda,
vi una escalera de cráneos
cuando murieron algunas personas
pero las siento en los ríos,
en el calor de los besos,
van junto a mí...
son mis amigos arrebatados
a las costuras de la vida
por la violencia mientras
la tempestad embestía
en mi pecho hasta
sacudirme las raíces del alma,
me da por pensar
que todo es mentira,
todo lo que oímos o vemos,
lo único que puede hacer
un ser humano es encontrar
algo suyo; una isla.
¿por qué brilla el sol cada mañana?,
no lo sé,
lo único que sé es que soy
diferente a los demás
pero la muerte se acerca de puntillas
para todos.
Los más ancianos contarán historias
de fantasmas y del tronco
homicida del terror,
hablarán de la tez morada
que dejan los golpes sobre
la carne tras la caída,
construimos la emboscada que taladrará
el final del mundo
mientras los peces aletean
y dan su última bocanada
el día que los cielos azules
de la tierra se desangran
arrojando un grito
que desgarra el corazón,
la luna estallará en mil pedazos
y cada trozo bañado en sangre,
como un toro muerto
con las heridas rojas,
espera ardiendo en el fondo
de un abismo donde habita
el silencio, eterno de los difuntos,
latiendo como poetas arrojados
a un profundo pozo.
Creo que nuestra destrucción
beneficia a la naturaleza
porque ayuda
a que crezcan los árboles
y esté limpio el cielo,
mira este planeta moribundo,
lloverá con desgana
y habrá metros que no llegarán
a ningún sitio,
nos hemos convertido en seres
de destrucción, fabricantes de muerte,
odio,
mentiras,
consumidores de lo innecesario,
monstruos,
planeamos matanzas de niños,
de pueblos,
intentamos acaparar los mercados,
las industrias,
el dinero,
torturamos,
matamos,
calumniamos,
exigimos la mitad más uno
de toda iniciativa económica,
explotamos a nuestros semejantes,
corrompemos a otros hombres,
creamos pobreza,
tendremos una noche negra eterna
y maligna cuando llegue
nuestro final
pero ahora no siento nada,
sólo prefiero estar solo
aunque no odio a nadie, a nadie.
Los recuerdos me atormentan
pero intento que no me afecten,
¿qué es lo que nos impide
extender la mano y alcanzar la gloria?,
¿podría ser nuestra naturaleza?,
seguramente nunca alcanzaremos
la perfección,
me gustaría que me dieras la mano,
que me regalaras tu mirada,
sería perfecto encontrar
unos brazos como dos alas
incapaces de negar un abrazo de placebo
mientras una locura de colores
iridiscentes rompe instrumentos
sin música que desaparecen
en un viaje hacia ninguna parte
llevando la guadaña,
un diablo de pesadilla saluda
sonriente a la infancia
que ha perdido su cuerpo en el abandono
y el sádico rompe en un chillido
de gozosa histeria
acogiendo al niño que viene
porque se va, se va
hacia las regiones lejanas
de paisajes sin sol ni sombra,
sin ternura y sin sonido de palabras
a su alrededor... negros lutos,
tumbas, lloros.
Me gusta llevar la contraria
por eso mi vida es tan dura,
hoy me parece que sólo
existe el dolor
porque creo que la muerte manda,
vi una escalera de cráneos
cuando murieron algunas personas
pero las siento en los ríos,
en el calor de los besos,
van junto a mí...
son mis amigos arrebatados
a las costuras de la vida
por la violencia mientras
la tempestad embestía
en mi pecho hasta
sacudirme las raíces del alma,
me da por pensar
que todo es mentira,
todo lo que oímos o vemos,
lo único que puede hacer
un ser humano es encontrar
algo suyo; una isla.
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