Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
En la fotocopia de una despedida encontré refugio
después de buscarle mañanas y su tesoro perdido,
en su melena rubia se escondía un abecedario,
sus palabras sabían a hierbabuena y a mármol,
en su bolsillo amamantaba a un automóvil,
tenía el porte de un semáforo en rojo,
sabía muy bien que yo moriría de paciencia
a no ser que me bebiera los días al acostarme,
hubo momentos en los que acaricie su nieve
y otros en los que el tiempo corría hacia ninguna parte,
abrazábamos la ciudad copulando con nuestras manos,
destrozábamos nuestros pulmones fumando futuros,
confiaba en ella porque la luna no tiene número de teléfono,
un día se fue por donde había venido haciendo mucho ruido,
todo esto pasó, es cierto, por eso ahora he podido escribirlo.
después de buscarle mañanas y su tesoro perdido,
en su melena rubia se escondía un abecedario,
sus palabras sabían a hierbabuena y a mármol,
en su bolsillo amamantaba a un automóvil,
tenía el porte de un semáforo en rojo,
sabía muy bien que yo moriría de paciencia
a no ser que me bebiera los días al acostarme,
hubo momentos en los que acaricie su nieve
y otros en los que el tiempo corría hacia ninguna parte,
abrazábamos la ciudad copulando con nuestras manos,
destrozábamos nuestros pulmones fumando futuros,
confiaba en ella porque la luna no tiene número de teléfono,
un día se fue por donde había venido haciendo mucho ruido,
todo esto pasó, es cierto, por eso ahora he podido escribirlo.