Yo tengo, niño, un tesoro
allá en mi patio guardado,
dos lunas, dos soles de oro
y todo un cielo encerrado.
La bomba que forma un charco
me hace sentir un pirata,
allí un bergantín de lata
pelea con otro barco.
Tengo un río caudaloso
de la bomba a la batea,
que en sus rápidos recrea
pompas de azul espumoso.
Si vieras la resonancia
que tengo allí atesorada
en una bolsa enterrada,
mil bolitas de mi infancia.
Tengo blancos tiradores,
certeras japonecitas
cual cofre de venecitas
y esferas multicolores.
Si vieras, niño, ¡si vieras!
aquel avión de juguete,
o el pesado barrilete
que volé tardes enteras.
Una espada de madera
un caballito de escoba,
aquel nogal, que aun me roba
el sueño en la primavera.
Dos lunas, dos soles rojos
que el charquito ha reflejado.
Hoy el río se ha secado...
pero aun me moja los ojos.
Marino Fabianesi
allá en mi patio guardado,
dos lunas, dos soles de oro
y todo un cielo encerrado.
La bomba que forma un charco
me hace sentir un pirata,
allí un bergantín de lata
pelea con otro barco.
Tengo un río caudaloso
de la bomba a la batea,
que en sus rápidos recrea
pompas de azul espumoso.
Si vieras la resonancia
que tengo allí atesorada
en una bolsa enterrada,
mil bolitas de mi infancia.
Tengo blancos tiradores,
certeras japonecitas
cual cofre de venecitas
y esferas multicolores.
Si vieras, niño, ¡si vieras!
aquel avión de juguete,
o el pesado barrilete
que volé tardes enteras.
Una espada de madera
un caballito de escoba,
aquel nogal, que aun me roba
el sueño en la primavera.
Dos lunas, dos soles rojos
que el charquito ha reflejado.
Hoy el río se ha secado...
pero aun me moja los ojos.
Marino Fabianesi
Última edición: