Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un mundo de sueños, al alba brilló,
un tren de colores que por el cielo pasó.
Llevaba en sus vagones risas y flores,
y en su chimenea salían mil sabores.
El tren, que en la ruta del arco iris viajaba,
bajaba por montañas y subía a la grana.
El rojo llevaba la pasión del sol,
el verde la calma, como un árbol en su rol.
Azul era el vagón que al mar representaba,
y el amarillo traía la luz que todo iluminaba.
El morado cantaba en la noche estrellada,
y el rosa susurraba a la luna enamorada.
De repente el tren se detuvo en un campo,
y un niño le preguntó con voz suave y alto:
"¿Por qué tantos colores, por qué tanta alegría?
¿Cada uno de ellos tiene su propia melodía?"
El tren le respondió, con su voz dulce y clara:
“Cada color es un sueño, una historia que se prepara.
Juntos somos fuertes, brillamos sin cesar,
pero si uno falta, todo deja de cantar."
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
un tren de colores que por el cielo pasó.
Llevaba en sus vagones risas y flores,
y en su chimenea salían mil sabores.
El tren, que en la ruta del arco iris viajaba,
bajaba por montañas y subía a la grana.
El rojo llevaba la pasión del sol,
el verde la calma, como un árbol en su rol.
Azul era el vagón que al mar representaba,
y el amarillo traía la luz que todo iluminaba.
El morado cantaba en la noche estrellada,
y el rosa susurraba a la luna enamorada.
De repente el tren se detuvo en un campo,
y un niño le preguntó con voz suave y alto:
"¿Por qué tantos colores, por qué tanta alegría?
¿Cada uno de ellos tiene su propia melodía?"
El tren le respondió, con su voz dulce y clara:
“Cada color es un sueño, una historia que se prepara.
Juntos somos fuertes, brillamos sin cesar,
pero si uno falta, todo deja de cantar."
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados