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Un segundo de agonía

Se alzan majestuosos los Cipreses,
con su tronco erguido y su espesa copa,
protegiendo calaveras vestidas de muerte,
teñidas de añil
bajo soles negros,
auroras calladas
y azabaches lunas,
en sincronía con la ausencia.

Un segundo de agonía,
equivale a la añoranza, el resto de una vida
de aquellos que descansan
entre caracolas de granito y mármol,
decoradas con rosas y azahares de nácar,
taciturnas y silentes,
para no alterar la paz
y el silencio de los féretros.

Agoniza el viento,
cuando acaricia a los Cipreses
con olor a óbito en sus ramas,
fijas y perseverantes en sus custodias.

Un placer haber disfrutado de la calidad de tus letras, Mari.A.G. Escribes muy bien, de una forma elegante y hermosa.
Felicidades
Abrazos
 
Se alzan majestuosos los Cipreses,
con su tronco erguido y su espesa copa,
protegiendo calaveras vestidas de muerte,
teñidas de añil
bajo soles negros,
auroras calladas
y azabaches lunas,
en sincronía con la ausencia.

Un segundo de agonía,
equivale a la añoranza, el resto de una vida
de aquellos que descansan
entre caracolas de granito y mármol,
decoradas con rosas y azahares de nácar,
taciturnas y silentes,
para no alterar la paz
y el silencio de los féretros.

Agoniza el viento,
cuando acaricia a los Cipreses
con olor a óbito en sus ramas,
fijas y perseverantes en sus custodias.
Y tocaste fondo desde lo más profundo y oscuro ser que tengo, grato leerte mi bella María
 
Se alzan majestuosos los Cipreses,
con su tronco erguido y su espesa copa,
protegiendo calaveras vestidas de muerte,
teñidas de añil
bajo soles negros,
auroras calladas
y azabaches lunas,
en sincronía con la ausencia.

Un segundo de agonía,
equivale a la añoranza, el resto de una vida
de aquellos que descansan
entre caracolas de granito y mármol,
decoradas con rosas y azahares de nácar,
taciturnas y silentes,
para no alterar la paz
y el silencio de los féretros.

Agoniza el viento,
cuando acaricia a los Cipreses
con olor a óbito en sus ramas,
fijas y perseverantes en sus custodias.
Y, sin embargo entre los cipreses encontrarás amparo. Cuidará su sombra que no se mustien las flores que pusieron al último muerto. Y cobijarán de ojos curiosos el llanto que derramarás por el amigo, aquel que se fue sin que tuvieses tiempo de despedirte y te apoyarán en el duro tronco cuando las piernas no te sostengan. Quién sabe si no será ese ciprés quien vele el nicho en que dormirás la última siesta...
Un poema enorme. Ni que decir tiene que lo he disfrutado. Un beso. Luis.
 
Y, sin embargo entre los cipreses encontrarás amparo. Cuidará su sombra que no se mustien las flores que pusieron al último muerto. Y cobijarán de ojos curiosos el llanto que derramarás por el amigo, aquel que se fue sin que tuvieses tiempo de despedirte y te apoyarán en el duro tronco cuando las piernas no te sostengan. Quién sabe si no será ese ciprés quien vele el nicho en que dormirás la última siesta...
Un poema enorme. Ni que decir tiene que lo he disfrutado. Un beso. Luis.

Qué comentario más bonito has dejado, casi otro poema.
Encantada de encontrarte entre el poema. Muy agradecida.

Un beso.
 
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