AZIF-AL-DAHNA
Poeta adicto al portal
Un Rojizo Amanecer
El agudo bisturí refulgía argénteo entre mis dedos
y la pálida luz de la habitación
dibujaba fantasmas informes en la muralla;
cada uno parodiando mis movimientos,
invocando a la muerte
y sugiriéndome una felonía macabra.
Ella...
Ella sólo gritaba,
desesperada con cada paso que daba hacia ella.
Pese a la esencia de Morfeo,
el dolor sacudía su cuerpo en violentos espasmos.
Ella...
Ella sólo sudaba,
y asesaba nerviosa amarrada a la cama;
entre tanto ellos...
Ellos contemplaban atónitos el sangriento espectáculo,
temerosos de emitir un suspiro distractorio
que alterase el ritmo perfecto de mi ritual.
...En el fondo lo deseaban...
Lo había hecho tantas veces...
tantas, que había perdido la cuenta...
tantas...
que hasta incluso podía repetirlo con los ojos cerrados.
Centenares de veces había cortado un cuerpo viviente,
metido mis manos en las entrañas
y extraído la vida palpitante
para acabar con los dolores.
Ella...
Ella sufría y yo quería aliviarla.
Puse mi mano en su frente nerviosa
y sus ojos se cerraron como el sol del ocaso.
Bajé mi mano hasta su vientre convulso
y entonces cerré los míos...
Los gritos se acallaron cuando empecé mi faena.
En el silencio de la habitación,
me dejé guiar por los latidos dentro de su cuerpo.
Mis manos se adentraron buscando ansiosas...
la vida,
hasta que al fin,
con la mayor delicadeza,
la extraje.
Abrí los ojos al tiempo que los de ella,
justo para ver el amanecer en sus pupilas,
un rojizo amanecer,
en el que vio a su hijo...
...nacer entre mis manos...
El agudo bisturí refulgía argénteo entre mis dedos
y la pálida luz de la habitación
dibujaba fantasmas informes en la muralla;
cada uno parodiando mis movimientos,
invocando a la muerte
y sugiriéndome una felonía macabra.
Ella...
Ella sólo gritaba,
desesperada con cada paso que daba hacia ella.
Pese a la esencia de Morfeo,
el dolor sacudía su cuerpo en violentos espasmos.
Ella...
Ella sólo sudaba,
y asesaba nerviosa amarrada a la cama;
entre tanto ellos...
Ellos contemplaban atónitos el sangriento espectáculo,
temerosos de emitir un suspiro distractorio
que alterase el ritmo perfecto de mi ritual.
...En el fondo lo deseaban...
Lo había hecho tantas veces...
tantas, que había perdido la cuenta...
tantas...
que hasta incluso podía repetirlo con los ojos cerrados.
Centenares de veces había cortado un cuerpo viviente,
metido mis manos en las entrañas
y extraído la vida palpitante
para acabar con los dolores.
Ella...
Ella sufría y yo quería aliviarla.
Puse mi mano en su frente nerviosa
y sus ojos se cerraron como el sol del ocaso.
Bajé mi mano hasta su vientre convulso
y entonces cerré los míos...
Los gritos se acallaron cuando empecé mi faena.
En el silencio de la habitación,
me dejé guiar por los latidos dentro de su cuerpo.
Mis manos se adentraron buscando ansiosas...
la vida,
hasta que al fin,
con la mayor delicadeza,
la extraje.
Abrí los ojos al tiempo que los de ella,
justo para ver el amanecer en sus pupilas,
un rojizo amanecer,
en el que vio a su hijo...
...nacer entre mis manos...
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