BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Qué cruzamos
sino un río de olvido
en qué latitud
cómo rezan los beatos
los libidinosos secundarios
la vida ausente, la muerte
reverente, a la que tantos
tiemblan, en qué hermosa
e insondable tiniebla
erguí mi tributo y homenaje,
propietaria del cielo.
Qué río cruzamos
sino el del olvido y el miedo.
Acumulábamos indigencias
trasegábamos cuerpos resplandecientes
nalgas deslumbrantes se abrían
a nuestro inmenso corazón adolescente.
Ah esas terribles enredaderas donde depositábamos
inercias de nieve, tuercas de tiniebla,
donde desaparecían
los calidoscopios del buitre leonado, oh
amor, de sangre inclinada sobre el eje adormecido
de la tierra inmóvil-.
©
sino un río de olvido
en qué latitud
cómo rezan los beatos
los libidinosos secundarios
la vida ausente, la muerte
reverente, a la que tantos
tiemblan, en qué hermosa
e insondable tiniebla
erguí mi tributo y homenaje,
propietaria del cielo.
Qué río cruzamos
sino el del olvido y el miedo.
Acumulábamos indigencias
trasegábamos cuerpos resplandecientes
nalgas deslumbrantes se abrían
a nuestro inmenso corazón adolescente.
Ah esas terribles enredaderas donde depositábamos
inercias de nieve, tuercas de tiniebla,
donde desaparecían
los calidoscopios del buitre leonado, oh
amor, de sangre inclinada sobre el eje adormecido
de la tierra inmóvil-.
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