danie
solo un pensamiento...
París, masa de menesterosas orgías,
sueños sifilíticos que forjan
las faldas de las flageladas hembras,
libertinas corridas que toca el acorde de un clarín.
París, vanidosa meretriz que copula con el estertor
de la plebe enardecida, embrujando la noche
con las melódicas lencerías de cuero febril.
Este es un París diferente:
un oscuro sueño refulgente
que reposa en las posaderas de la desnuda muerte,
que danza con la cólera de los vendavales,
que propaga las heces de las larvas macilentas
y hace estallar el éxtasis de las amontonadas estridencias.
¡Y no está mal este París!
Aunque sea espantoso verte gélida y sombría,
aunque siento que expela pus la llagas heridas
y el lamento del infame marca las murallas con sangre virgen.
Y eso sueños se dilapidan igual que los vicios en un prostíbulo.
No está mal este París con sombras decadentistas.
Este es un París diferente
que mañana será el producto de un olvido.
¡Oh, lacerada metrópoli marchita!
Postrada con tus caderas en dirección al poniente,
esperando el vapuleo mayor por el déspota,
por los venablos de un lacónico porvenir.
¡Es qué a veces hay placer en el dolor
y en la noche se ve una mueca sardónica de satisfacción!
Y ya en el suelo, gimiendo con huraños mohos
de un yermo desalado, con los harapos ensangrentados
y la bélica menstruación manche los ríos.
Y los senos de la pitonisa emperatriz sofoquen la patraña del pueblo,
esos mansos corderos que se alimentan del blasfemo pecado.
Seguirán creyendo que no está mal este París
Todo sea por el porvenir y el morboso fruto de un futuro incierto
La bendición del mancebo cónyuge de París
y el sumiso hábito del pelele incauto.
sueños sifilíticos que forjan
las faldas de las flageladas hembras,
libertinas corridas que toca el acorde de un clarín.
París, vanidosa meretriz que copula con el estertor
de la plebe enardecida, embrujando la noche
con las melódicas lencerías de cuero febril.
Este es un París diferente:
un oscuro sueño refulgente
que reposa en las posaderas de la desnuda muerte,
que danza con la cólera de los vendavales,
que propaga las heces de las larvas macilentas
y hace estallar el éxtasis de las amontonadas estridencias.
¡Y no está mal este París!
Aunque sea espantoso verte gélida y sombría,
aunque siento que expela pus la llagas heridas
y el lamento del infame marca las murallas con sangre virgen.
Y eso sueños se dilapidan igual que los vicios en un prostíbulo.
No está mal este París con sombras decadentistas.
Este es un París diferente
que mañana será el producto de un olvido.
¡Oh, lacerada metrópoli marchita!
Postrada con tus caderas en dirección al poniente,
esperando el vapuleo mayor por el déspota,
por los venablos de un lacónico porvenir.
¡Es qué a veces hay placer en el dolor
y en la noche se ve una mueca sardónica de satisfacción!
Y ya en el suelo, gimiendo con huraños mohos
de un yermo desalado, con los harapos ensangrentados
y la bélica menstruación manche los ríos.
Y los senos de la pitonisa emperatriz sofoquen la patraña del pueblo,
esos mansos corderos que se alimentan del blasfemo pecado.
Seguirán creyendo que no está mal este París
Todo sea por el porvenir y el morboso fruto de un futuro incierto
La bendición del mancebo cónyuge de París
y el sumiso hábito del pelele incauto.