durgell
Poeta recién llegado
UN MAR DE SUEÑOS
A veces, cuando no estás,
observo esa ventana
de añil -ya blanco-,
en la que guardas el mar.
Y hago como que olvido,
como que no existes...
que no sé quien eres,
ni conozco tus manos.
Y en verdad no sé quien eres,
no sé, ni si no eres,
ni donde estás... si estás.
Porque no sé nada de ti.
Entonces, lloro a escondidas,
porque los días pasan,
porque el tiempo se va,
y porque me duele la vida.
Porque a veces, cuando no estás,
oigo cristales que se me rompen
y me hieren entre las sombras,
a resguardo de mi vergüenza.
Entonces, la ventana te añora,
y mis lágrimas se mezclan
con las del mar...
el mar, que tú mirabas.
Porque sucede que a veces,
a veces, vivir me cuesta tanto,
que noto que tu ventana me mira,
y sonríe confiada, y me canta:
"...Ya sé que estoy piantao,
piantao, piantao;
yo miro a Buenos aires,
el nido de un gorrión..."
Entonces, me acobardo,
dejo de llorar,
me oculto de mi alma,
y aún pienso que... pero no.
Entonces, regreso al trabajo,
frente al mar -pero sin él-,
junto a la vieja ventana,
esperando la nada, sentado.
Será que lloro para nadie,
será que no sé llorar,
que la razón no me encuentra
y el mar... ¡ah! el mar.
Mas, me queda tu recuerdo...
y aquel añil -ya blanco-
de tu vieja ventana.
¡Casandra de madera!
Me quedan las gaviotas
-supongo-, y la brea...
y me queda la silla,
y las paredes oscuras.
Y me quedo yo, sin ti;
triste, junto al mar triste,
porque el mar te echa de menos,
como solo el mar puede sentir.