Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Un mañana extraordinario
También hay farolas
en el horizonte marino
¡Qué bonito!,
parecen barcos encendidos
Pero no, son sus velas tendidas
que celebran el gran premio
Tres meses que camina
el vendedor de los infiernos.
Cómo no te voy a amar,
cómo no vas a ser tú mi cielo,
belo,
si en el iris tengo tu mirar,
mar,
y tus olas dejan rizos
en los rizos de mi pelo.
Llegará la oscuridad
y tendrás una luna por lucero,
para que ese gran altar,
mar,
altar de amores que yo anhelo,
belo,
no nos deje de alumbrar
con su faro marinero.
Se afana el pescador
con su hilo de pescar,
con anzuelos que no logra encajar
Pobre pez, que te van a engañar,
por el hambre, como a mí,
y a los dos, por la necesidad.
Y me encontré al capital,
al comunismo más cerrado,
al facha presumido,
al ministro carcamal,
con los papas y papados,
con los reyes de percal
y los presis recostados.
Sobre el fondo divisé
a un poeta que perdido
¡Eh, poeta!
¿Qué haces entre esta gente de mundo?
¿Yo? No sé
Vendo cupones ¿Quieres uno?
No, poeta, no.
Tira los cupones al mar,
a sus aguas con sus olas,
que terminarán por secar,
y su sal, quedará sola, sola
Y sal, sal de ese mundo maldito,
no sea que te engañen,
y te dejen morir por poquito.
Los farolillos naranja,
la luz de los barcos,
un letrero de brisa
y una entrada con arcos;
esos peces que pican
esa muerte desmayo,
y esa gente en la orilla,
que ríe, que grita,
que bebe cenando,
y yo caminante,
que espera un mañana
extraordinario.