Martín Renán
Poeta adicto al portal
Un hombre reconoce
lo anecdótico
y autodidacta que hay en él;
falto de fe
rompe su silencio
en lágrimas de papel en blanco;
Monótono y práctico,
el mismo oficio
nocturno y centinela;
desempleado, tarea fácil, y de domingos.
Un hombre enfermo
monitorea con precisión quirúrgica
su aneurisma;
pasada la medianoche
llena el vacío
que dejó en el trabajo.
—Sin examen médico y con una nueva enfermedad,
sin parálisis fuera de servicio
y medias lunas que retratar en el cielo—
para no morir del susto, para no reírse de los nervios, y de todo mal.
(En una taza de café
hay señales de haber sanado mucho,
hay instrucciones
de los lunes por la mañana)
Rotulado el estrés en tercera persona,
y el fugaz resquicio
en el pan nuestro,
rompe el juramento de octubres
en la encimera.
Un hombre medio enfermo, una vez más.
lo anecdótico
y autodidacta que hay en él;
falto de fe
rompe su silencio
en lágrimas de papel en blanco;
Monótono y práctico,
el mismo oficio
nocturno y centinela;
desempleado, tarea fácil, y de domingos.
Un hombre enfermo
monitorea con precisión quirúrgica
su aneurisma;
pasada la medianoche
llena el vacío
que dejó en el trabajo.
—Sin examen médico y con una nueva enfermedad,
sin parálisis fuera de servicio
y medias lunas que retratar en el cielo—
para no morir del susto, para no reírse de los nervios, y de todo mal.
(En una taza de café
hay señales de haber sanado mucho,
hay instrucciones
de los lunes por la mañana)
Rotulado el estrés en tercera persona,
y el fugaz resquicio
en el pan nuestro,
rompe el juramento de octubres
en la encimera.
Un hombre medio enfermo, una vez más.