Christian Jiménez
Poeta recién llegado
Se arrastra por toda la habitación
y el olor se impregna en los tabiques;
el aroma de su dulce sudor que, sin vacilación,
va deslizándose gota a gota hasta llegar a sus meñiques.
Sus ojos se adivinan incandescentes,
su libidinosa sonrisa acelera mis sensaciones
que se detienen por las caricias tan concupiscentes
que de la punta de sus dedos emanan y que saturan mis emociones.
Todo este frenesí, arrebato y pasión,
que anteriormente se hallaban escondidos
y que ahora, sin miedo, se liberan impulsivos,
me envuelven en una espiral de ansia y conmoción.
¿Es esto un sueño, una alucinación, o, acaso, una fantasía,
el estar amparado por las húmedas alas de esta ninfa, que me hace desear la herejía,
ignorando tabúes, prejuicios o prohibiciones
y ambicionando una existencia colmada de estas lujuriosas ilusiones?
y el olor se impregna en los tabiques;
el aroma de su dulce sudor que, sin vacilación,
va deslizándose gota a gota hasta llegar a sus meñiques.
Sus ojos se adivinan incandescentes,
su libidinosa sonrisa acelera mis sensaciones
que se detienen por las caricias tan concupiscentes
que de la punta de sus dedos emanan y que saturan mis emociones.
Todo este frenesí, arrebato y pasión,
que anteriormente se hallaban escondidos
y que ahora, sin miedo, se liberan impulsivos,
me envuelven en una espiral de ansia y conmoción.
¿Es esto un sueño, una alucinación, o, acaso, una fantasía,
el estar amparado por las húmedas alas de esta ninfa, que me hace desear la herejía,
ignorando tabúes, prejuicios o prohibiciones
y ambicionando una existencia colmada de estas lujuriosas ilusiones?