danie
solo un pensamiento...
En la abultada arista de la rotura del aspecto,
se estrellan con frenesí los átomos furtivos
y sobre el cosmos tumbado se hacen perceptibles
se estrellan con frenesí los átomos furtivos
y sobre el cosmos tumbado se hacen perceptibles
las atalayas de cemento,
cayendo desde los andenes del vergel;
ese Edén desmoronado por la membrana asfáltica
que se halla en la suela de tu zapato.
Las inopias lagrimas presas en la alambrada,
donde el mutismo se agudiza
pronunciando en los hados tu nombre,
fiesta quimera de hadas y vampiros
que beben somnolientos el néctar de espeso cuerpo,
agoniza la palma y estalla el colapso,
que ahoga las fullerías del pícaro ángelus.
Un fragor en el recóndito hoyo de la mente del cielo.
Un fragor en el recóndito hoyo de la mente del cielo.
¡Centella de luz de un dios resplandeciéndose en el vidrio!
¡Tu dios no el mío! Un dios solitario que alberga
miles de alfileres en un cajón,
mientras el universo reposa en la palma de mi mano,
mientras mi lagrimas se escurren por la solapa de la camisa,
mientras mis pies deambulan sobre nubes disecadas
por los alucinógenos de la utopía
del imperio derrumbado y a la vez perfecto.
Un dios mirando atrás del alambrado.
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