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Un día de enero.

Luis Á. Ruiz Peradejordi

Poeta que considera el portal su segunda casa
Lunes 30 de enero

La ventana se abre al mediodía, sobre la era. A lo lejos, hileras de chopos marcan el camino al río. Ni una nube. Un cielo azul y luminoso cobija al sol, que brilla fuerte. Tras los cristales, una caricia de calor en cada rayo.
- Ya parece primavera - me saluda el vecino. El ruido de la motosierra con la que se ha puesto a cortar el remolque de leña, hace inútil mi respuesta. Una vaharada de roble recién cortado llega a la ventana y, entrando por ella, se esparce por toda la casa.
En un rito ancestral, irá cortando los árboles y, una vez cortados, los apilará en el leñero, a cubierto de la humedad, dejando el menudo de ramas delgadas y hojas para encender, prender, que dicen por aquí, la trébede de la cocina. El menudo arderá dando un humo blanco, limpio, que huele a monte.
La mujer, comentará con las vecinas, al igual que el año pasado y el anterior y tantos otros: - Ya era hora de que abriesen el monte. Me gusta quemar de lo nuevo, porque dura más - Y con una escoba de hierbas atadas con un cordel de bramante, sin otro mango que la mano y el brazo, barrerá el portal, doblada en increíble postura.
Los mayores se sientan al sol, sobre una viga de derribo colocada sobre unas lajas de piedra. Le llaman el parlamento y allí habita la memoria del pueblo; siempre es pasado cuando uno se sienta al sol. Las manos sueltan la cachaba para liar un cigarro enorme, ahora que la mujer no está para reñirles.
- Decía mi padre, que en paz esté, que no es bueno el sol de
invierno -.
Apenas la sombra toque el improvisado banco, se irán a sus casas. El invierno se hace sentir, cuando el sol se pone.
Por la era, delante de la ventana, un rebaño de ovejas viene a recogerse; el pastor silba al perro, cuando pasa frente a la casa.

 
Hermosas imágenes nos deja en esta bella prosa que invita a sentir la frescura y la paz del campo. Felicidades por excelente relato. Placer dejar mi sencilla huella. Abrazos..
 
Interesante narración que deambula de la mano de los sentimientos e imágenes…
Toda una obra atractiva de principio a fin
Es grato leerte
Abrazos
 
Luis Á. Ruiz Peradejordi;4654179 dijo:
Lunes 30 de enero

La ventana se abre al mediodía, sobre la era. A lo lejos, hileras de chopos marcan el camino al río. Ni una nube. Un cielo azul y luminoso cobija al sol, que brilla fuerte. Tras los cristales, una caricia de calor en cada rayo.
- Ya parece primavera - me saluda el vecino. El ruido de la motosierra con la que se ha puesto a cortar el remolque de leña, hace inútil mi respuesta. Una vaharada de roble recién cortado llega a la ventana y, entrando por ella, se esparce por toda la casa.
En un rito ancestral, irá cortando los árboles y, una vez cortados, los apilará en el leñero, a cubierto de la humedad, dejando el menudo de ramas delgadas y hojas para encender, prender, que dicen por aquí, la trébede de la cocina. El menudo arderá dando un humo blanco, limpio, que huele a monte.
La mujer, comentará con las vecinas, al igual que el año pasado y el anterior y tantos otros: - Ya era hora de que abriesen el monte. Me gusta quemar de lo nuevo, porque dura más - Y con una escoba de hierbas atadas con un cordel de bramante, sin otro mango que la mano y el brazo, barrerá el portal, doblada en increíble postura.
Los mayores se sientan al sol, sobre una viga de derribo colocada sobre unas lajas de piedra. Le llaman el parlamento y allí habita la memoria del pueblo; siempre es pasado cuando uno se sienta al sol. Las manos sueltan la cachaba para liar un cigarro enorme, ahora que la mujer no está para reñirles.
- Decía mi padre, que en paz esté, que no es bueno el sol de
invierno -.
Apenas la sombra toque el improvisado banco, se irán a sus casas. El invierno se hace sentir, cuando el sol se pone.
Por la era, delante de la ventana, un rebaño de ovejas viene a recogerse; el pastor silba al perro, cuando pasa frente a la casa.




He regresado a mi infancia
al pueblo que me vio nacer
a mi querida Sierra de Gata
y he vuelto a ser niña,aquí,contigo...

Qué maravilla,querido Luis,gracias.
Un abrazo grande

 
Tienes ese don, que al leer, uno puede ver perfectamente la escena. He visto a los hombres sentados en el banco, casi les he oído decir: "Hay que retirarse que empieza a refrescar" . He visto a la mujer barriendo, y casi he notado como me caía el serrín al cortar los leños. Magia. Y apetece a veces estar en un sitio de esos tranquilitos sin que nadie moleste. Sólo pasear y esperar a ver como anochece. Abrazos.
 
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Tienes ese don, que al leer, uno puede ver perfectamente la escena. He visto a los hombres sentados en el banco, casi les he oído decir: "Hay que retirarse que empieza a refrescar" . He visto a la mujer barriendo, y casi he notado como me caía el serrín al cortar los leños. Magia. Y apetece a veces estar en una sitio de esos tranquilitos sin que nadie moleste. Sólo pasesr, y esperar ver como anochece. Abrazos.
Así es como yo lo veo. Toda la tranquilidad del mundo y los ojos abiertos para no perder nada de la vida que transcurre a nuestro alrededor. Besos.
 
Évano;4776163 dijo:
Creo que no he de comentar que esas escenas son iguales, idénticas a las de aquí, a las de la comarca de Omaña. Una narración bella y que llega. Se le saluda, Don Luis.

Los hombres del campo, son bastante parecidos en toda esta tierra nuestra leonesa. Recios, cautos, con esa sabiduría que dan los siglos de herencia del señorío de la tierra.
Gracias por tu mentario. Un abrazo.
 
Luis, que bonito cuentas las historias o relatos eres muy detallista y creo que vives ese momento
para pintarlo con pinceladas como un cuadro barroco o como un modernismo donde los que no saben de campo
se recrean y vivan el momento, eres buen historiador, leerte es un placer
abrazos con todos mis cariños (es una lastima la maquina no me da reputación)
 
Última edición:
Imágenes antiguas recrean mi mente, la aldea de mi infancia amanece transparente. Excelente prosa con sabor añejo.
Un placer, saludos.
 
alicia Pérez Hernández;4776260 dijo:
Luis, que bonito cuentas las historias o relatos eres muy detallista y creo que vives ese momento
para pintarlo con pinceladas como un cuadro barroco o como un modernismo donde los que no saben de campo
se recrean y vivan el momento, eres buen historiador, leerte es un placer
abrazos con todos mis cariños (es una lastima la maquina no me da reputación)

Muchas gracias por esas opiniones tan amables. Esta es una escena que he vivido muchas veces y no me ha costado nada recordarla y contarla tal como la tengo en la memoria. Besos.
 
Lunes 30 de enero

La ventana se abre al mediodía, sobre la era. A lo lejos, hileras de chopos marcan el camino al río. Ni una nube. Un cielo azul y luminoso cobija al sol, que brilla fuerte. Tras los cristales, una caricia de calor en cada rayo.
- Ya parece primavera - me saluda el vecino. El ruido de la motosierra con la que se ha puesto a cortar el remolque de leña, hace inútil mi respuesta. Una vaharada de roble recién cortado llega a la ventana y, entrando por ella, se esparce por toda la casa.
En un rito ancestral, irá cortando los árboles y, una vez cortados, los apilará en el leñero, a cubierto de la humedad, dejando el menudo de ramas delgadas y hojas para encender, prender, que dicen por aquí, la trébede de la cocina. El menudo arderá dando un humo blanco, limpio, que huele a monte.
La mujer, comentará con las vecinas, al igual que el año pasado y el anterior y tantos otros: - Ya era hora de que abriesen el monte. Me gusta quemar de lo nuevo, porque dura más - Y con una escoba de hierbas atadas con un cordel de bramante, sin otro mango que la mano y el brazo, barrerá el portal, doblada en increíble postura.
Los mayores se sientan al sol, sobre una viga de derribo colocada sobre unas lajas de piedra. Le llaman el parlamento y allí habita la memoria del pueblo; siempre es pasado cuando uno se sienta al sol. Las manos sueltan la cachaba para liar un cigarro enorme, ahora que la mujer no está para reñirles.
- Decía mi padre, que en paz esté, que no es bueno el sol de
invierno -.
Apenas la sombra toque el improvisado banco, se irán a sus casas. El invierno se hace sentir, cuando el sol se pone.
Por la era, delante de la ventana, un rebaño de ovejas viene a recogerse; el pastor silba al perro, cuando pasa frente a la casa.



Mientras espero por tu nueva inspiración, me encuentro con esta pincelada de campo que me trae la esencia de los lugares sencillos, de la gente sencilla y sus rituales cotidianos. Se percibe que anduviste muchos caminos y que supiste retratar escenas con una pluma pulcra y también muy sentida y respetuosa por las almas ajenas.
Es bueno que las obras profundas sean devueltas al presente.
Siempre será un gusto leerte, Luis.
Un abrazo.
 
Mientras espero por tu nueva inspiración, me encuentro con esta pincelada de campo que me trae la esencia de los lugares sencillos, de la gente sencilla y sus rituales cotidianos. Se percibe que anduviste muchos caminos y que supiste retratar escenas con una pluma pulcra y también muy sentida y respetuosa por las almas ajenas.
Es bueno que las obras profundas sean devueltas al presente.
Siempre será un gusto leerte, Luis.
Un abrazo.
Gracias Cecy, por hurgar en tiempos remotos. Viví tiempo por esos pueblos y llegué a querer mucho a esas gentes. Son sencillas, pero íntegras y se integran en el paisaje y en el medio y lo cuidan como no hacen esos ecologistas de ciudad que van un fin de semana al año al campo y ya creen saberlo y endenderlo todo. He sido muy feliz con ellos y tuve así la oportunidad de vivir de forma auténtica. Por eso me gusta escribir sobre ellos, de sus costumbres, de sus tierras, quizá porque también fueron un poco mías. En el fondo me ha marcado el ser, sencillamente, un pobre médico de pueblo. Feliz día. Un beso.
 
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