Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Sonrisas guardadas,
en cofres dorados,
con ardiente mechón,
que no es oro ni plata,
Cuchillo afilado,
que cercena la lengua,
con la mentira negada,
y los besos dados,
Jugada en guerra genocida,
que no tiene retorno,
cuando entre pétalos,
masacrado esta el honor,
Desnudando la penumbra,
con el rayo dorado,
que no es más que una mentira,
de un Dios recién creado...
Mírate, hombre,
solo y avergonzado,
por el cáliz de fuego,
que ha destrozado tu vivir,
Mírate mujer,
con la piel blanqueada,
y los ojos rojos en llanto,
que no pretende disimular,
el filial desencanto,
Con alegría os festejo,
¡Infames animales vestidos!
¡Faltos de inteligencia suprema!
¡Rápidos para matar al hermano!
¡Olvidando de donde proceden!
Ricos presentes,
que anidan la vanidad,
de un instante preciado,
que robe la atención al verdugo,
Ese que ahora mueve la hoja,
que terminara de cortar tu cabeza,
en donde disfrutaré del banquete,
tocando la melodía al piano,
con teclas de tus huesos,
¡Claro de Luna!
¡Beethoven me acompaña!
desde la tumba... sisea las notas,
que sea la melodía antaño inconclusa,
revelada en el calor de tus piernas,
Mira... llora... toca...
bebe mi alma,
y ríndete ahora,
que las breves palabras,
aminoran su cause,
Silencio... agonía,
muerte... vida,
que ¿acaso no es divina?
Ríe... ama... y haré el amor,
entre velas y espinas,
entre fantasmas y tumbas...
Esfinge traicionera,
Arpía serena,
bruja eterna,
amante completa...
Contigo o sin ti...
Violándote o amándote,
con salvaje beso...
con tierno golpe...
Con gracia de ángel,
con voracidad de puta,
y sin embargo amada por mí eres,
Doncella dorada de un amanecer blanco...
¡Mugiendo el futuro!
ocultando las notas,
el rastro sediento,
de veneno dulce...
Ocultare mis deseos,
entre las piedras sagradas,
y ahí... tal vez... comprenderás...
que como yo... tú... como yo... él...
Y sin embargo más grande que todos,
pues yo soy ¡Todo!
Juegos y trampas dejan mis versos,
con la idea de sacaros de quicio...
Régalame tu ira...
y te regalaré.... un beso....
L.V.
en cofres dorados,
con ardiente mechón,
que no es oro ni plata,
Cuchillo afilado,
que cercena la lengua,
con la mentira negada,
y los besos dados,
Jugada en guerra genocida,
que no tiene retorno,
cuando entre pétalos,
masacrado esta el honor,
Desnudando la penumbra,
con el rayo dorado,
que no es más que una mentira,
de un Dios recién creado...
Mírate, hombre,
solo y avergonzado,
por el cáliz de fuego,
que ha destrozado tu vivir,
Mírate mujer,
con la piel blanqueada,
y los ojos rojos en llanto,
que no pretende disimular,
el filial desencanto,
Con alegría os festejo,
¡Infames animales vestidos!
¡Faltos de inteligencia suprema!
¡Rápidos para matar al hermano!
¡Olvidando de donde proceden!
Ricos presentes,
que anidan la vanidad,
de un instante preciado,
que robe la atención al verdugo,
Ese que ahora mueve la hoja,
que terminara de cortar tu cabeza,
en donde disfrutaré del banquete,
tocando la melodía al piano,
con teclas de tus huesos,
¡Claro de Luna!
¡Beethoven me acompaña!
desde la tumba... sisea las notas,
que sea la melodía antaño inconclusa,
revelada en el calor de tus piernas,
Mira... llora... toca...
bebe mi alma,
y ríndete ahora,
que las breves palabras,
aminoran su cause,
Silencio... agonía,
muerte... vida,
que ¿acaso no es divina?
Ríe... ama... y haré el amor,
entre velas y espinas,
entre fantasmas y tumbas...
Esfinge traicionera,
Arpía serena,
bruja eterna,
amante completa...
Contigo o sin ti...
Violándote o amándote,
con salvaje beso...
con tierno golpe...
Con gracia de ángel,
con voracidad de puta,
y sin embargo amada por mí eres,
Doncella dorada de un amanecer blanco...
¡Mugiendo el futuro!
ocultando las notas,
el rastro sediento,
de veneno dulce...
Ocultare mis deseos,
entre las piedras sagradas,
y ahí... tal vez... comprenderás...
que como yo... tú... como yo... él...
Y sin embargo más grande que todos,
pues yo soy ¡Todo!
Juegos y trampas dejan mis versos,
con la idea de sacaros de quicio...
Régalame tu ira...
y te regalaré.... un beso....
L.V.