Évano
Libre, sin dioses.
Caen por el muro de la muerte derruido
dientes y bocas y lenguas
que hirieron más que la misma espada.
La mente enloquecida corre y arde
en esta última noche de la vida,
noche ultrajada y pisada por cobardes.
Ni un descanso a tu cuerpo dolorido.
No hubo jamás misericordia, Madre.
El lobo se hizo espíritu en tus hijas
y acompaña al tormento hasta el final.
Vuelan y se acercan los aullidos
al lecho donde yace y se cobija
un ángel obligado a las tinieblas.
Mi garganta son ojos que revientan
y se ahoga por las voces de demencias
que callan a razón y a inocencia.
Ve a la luz del silencio y deja
los huesos y las carnes en la Tierra,
que coman y beban las fieras
los jugos de su infierno;
y vuela tú con los vientos de los cielos,
y quede histérica la hiedra en las bocas
de las hijas que enredan
hasta las piedras del mismísimo averno,
o egoismo de mierda.
Que por hijas, lobas tienes,
y diste tanta cuerda
que al final la horca
ha sido esa misma cuerda.
Derruye el sufrir los límites del cuerpo
y al tiempo lo presenta todo junto,
en un mismo instante y conjetura:
El mundo es el reino del infierno.
Solo quiero que hayas picado
el anzuelo lanzado por los Cielos.
dientes y bocas y lenguas
que hirieron más que la misma espada.
La mente enloquecida corre y arde
en esta última noche de la vida,
noche ultrajada y pisada por cobardes.
Ni un descanso a tu cuerpo dolorido.
No hubo jamás misericordia, Madre.
El lobo se hizo espíritu en tus hijas
y acompaña al tormento hasta el final.
Vuelan y se acercan los aullidos
al lecho donde yace y se cobija
un ángel obligado a las tinieblas.
Mi garganta son ojos que revientan
y se ahoga por las voces de demencias
que callan a razón y a inocencia.
Ve a la luz del silencio y deja
los huesos y las carnes en la Tierra,
que coman y beban las fieras
los jugos de su infierno;
y vuela tú con los vientos de los cielos,
y quede histérica la hiedra en las bocas
de las hijas que enredan
hasta las piedras del mismísimo averno,
o egoismo de mierda.
Que por hijas, lobas tienes,
y diste tanta cuerda
que al final la horca
ha sido esa misma cuerda.
Derruye el sufrir los límites del cuerpo
y al tiempo lo presenta todo junto,
en un mismo instante y conjetura:
El mundo es el reino del infierno.
Solo quiero que hayas picado
el anzuelo lanzado por los Cielos.
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