G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
Para seguirte los pasos
en este azaroso viaje
me visto de paisaje
y de tiempo añejo,
aunque ignoro edades,
pues no hay mayor desdicha
que llegar viejo a viejo
sin antes llegar a sabio,
haciendo vana la vida
e inútiles los años.
Para seguirte los pasos
por esta senda incierta,
sinuosa y nunca llana,
me asomo a tus ojos
cada nueva mañana
y te evoco la imagen
de una cima alcanzada,
pues si conquistarla quieres
debes creerte que puedes
y darla ya por ganada.
Para seguirte los pasos,
me oculto en cada beso
que tus labios recibieran
y también en los que dieran,
si fueran besos de amor,
porque esas son las alas
de los que nacen sin ellas
y te elevan a más altura
de la que se aventuran
aquellos que sí las tienen.
Para seguirte los pasos,
no contemplo tu destino,
pues todo puede variar,
como el verso que escribo
y el cuadro a pintar;
miro todo lo que fuiste
y todavía eres,
miro lo que siempre serás…
Por eso es que no te pierdo.
Por eso te puedo hallar.
Para seguirte los pasos
y calmar tu honda pena,
hago casual el encuentro
con un caudaloso río
que sus aguas te entrega,
como si fueras su mar;
y al oído te digo
que mereces eso y más,
porque el amor no es olvido,
ni se deja al azar.
Para seguirte los pasos,
me adelanto y espero
en cada punto cardinal,
con la luna de enero
henchida de intensa plata,
cual transparente cristal;
porque sin luz se nos muere
la esperanza y la dicha,
las horas languidecen
y el corazón se marchita.
Para seguirte los pasos,
tengo una nave que vuela
de altas e invisibles velas
y una estrella fugaz,
que adondequiera me llevan,
si fuera menester volar.
Para seguirte los pasos
tengo una pequeña estrella
y una nave inmensa,
a la que llaman "Libertad".
G.S.A.