DIEGO
Poeta adicto al portal
Nunca vas a cambiar, no está en tu naturaleza hacerlo. Y de poder, tampoco lo harías porque no te interesa.
Así vas por el camino correcto para perderlo todo. Transitas una senda sin retorno.
Esa testaruda vocación de pensar que estás fuera del mundo porque el mundo está en tu contra. La única realidad es que tú estás contra el mundo.
La hierba que fumas está haciendo su trabajo. El mundo no es el lugar idílico que esperabas, pero despiértate, estamos todos en el mismo barco.
Deja de justificar tu presente con la mala suerte que supones tener. La única realidad es que la haraganería es premiada con la desatención a ultranza. A nadie le interesa ponerse de tu lado, porque estás en la vereda equivocada.
Desayúnate de una vez, insecto metamorfoseado en humano.
Las culebras de tu cabeza ya no se sostienen por el peso de la tierra que has sembrado para cultivar tu propia desidia.
Escupe finalmente la macabra posesión de tus alientos fétidos de alimentos putrefactos e ideologías sepultadas por el tiempo, por la historia.
El muro ya cayó. La svástica, obsoleta. Los dictadores, muertos.
Si no estás decidido, intenta mantenerte lejos.
Indefectiblemente, esa macabra obsesión terminará dejándote completamente solo.
Así vas por el camino correcto para perderlo todo. Transitas una senda sin retorno.
Esa testaruda vocación de pensar que estás fuera del mundo porque el mundo está en tu contra. La única realidad es que tú estás contra el mundo.
La hierba que fumas está haciendo su trabajo. El mundo no es el lugar idílico que esperabas, pero despiértate, estamos todos en el mismo barco.
Deja de justificar tu presente con la mala suerte que supones tener. La única realidad es que la haraganería es premiada con la desatención a ultranza. A nadie le interesa ponerse de tu lado, porque estás en la vereda equivocada.
Desayúnate de una vez, insecto metamorfoseado en humano.
Las culebras de tu cabeza ya no se sostienen por el peso de la tierra que has sembrado para cultivar tu propia desidia.
Escupe finalmente la macabra posesión de tus alientos fétidos de alimentos putrefactos e ideologías sepultadas por el tiempo, por la historia.
El muro ya cayó. La svástica, obsoleta. Los dictadores, muertos.
Si no estás decidido, intenta mantenerte lejos.
Indefectiblemente, esa macabra obsesión terminará dejándote completamente solo.