IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
No observes tus huellas, por siempre marcadas,
no contemples la noche, siempre abrazada,
valiente por amor, entiéndete pájaro,
y cántale al pudor, aún sin plumaje,
ten la serenidad del cielo acaecido,
que ya frio e inmóvil, vuelve a ser río,
no la estrepitosa ingenuidad del mar,
que nunca alcanzará a la luna,
procede como el mejor atardecer, siempre galano,
como el último horizonte, seductor desde el primer misterio,
o como el alba,
cuya certeza no necesita tiempo nuevo,
que ascienda e ilumine vencedora,
ya en los sueños, tu vivencia.
no contemples la noche, siempre abrazada,
valiente por amor, entiéndete pájaro,
y cántale al pudor, aún sin plumaje,
ten la serenidad del cielo acaecido,
que ya frio e inmóvil, vuelve a ser río,
no la estrepitosa ingenuidad del mar,
que nunca alcanzará a la luna,
procede como el mejor atardecer, siempre galano,
como el último horizonte, seductor desde el primer misterio,
o como el alba,
cuya certeza no necesita tiempo nuevo,
que ascienda e ilumine vencedora,
ya en los sueños, tu vivencia.