ojosverdes
Poeta asiduo al portal
Café de los Austrias, una tarde de mayo
la fina lluvia cala las calles de Madrid.
Una mirada enamorada a las formas que le rodean,
un café vienés colmado de espuma
que unos graciosos bigotes
en su boca dibuja.
Tu mano tibia la roza suavemente,
el cariño te transforma,
te convierte en ilusión desbordada.
Un amor cálido,
murmullos musicales ascienden
desde las calles transitadas.
Tu nombre se desliza
dócilmente entre sus labios
no queriendo separarse de ellos.
Como dos amantes
a punto de distanciarse, sin quererlo,
recorres los aires de la mañana
antes de la despedida.
¿me quieres?
Cómo no habría de quererte
si aquella noche sorprendente
hollaste mi piel acerada,
y tus verdes ojeadas hacen
que mis añejas piedras revivan
como posesión desenmascarada.
Ella queda en silencio,
en sus pensamientos
sólo un deseo el regreso.
Otro mundo es posible,
cerrando los ojos repasa,
escucha, huele,
graba en su mente
la fina forma de la brisa,
no quiere olvidar nada.
Allí rodeada de extraños,
en el tráfago de las calles,
mira con pasión
las siluetas de tu arquitectura animada,
el regreso no se hará esperar.
la fina lluvia cala las calles de Madrid.
Una mirada enamorada a las formas que le rodean,
un café vienés colmado de espuma
que unos graciosos bigotes
en su boca dibuja.
Tu mano tibia la roza suavemente,
el cariño te transforma,
te convierte en ilusión desbordada.
Un amor cálido,
murmullos musicales ascienden
desde las calles transitadas.
Tu nombre se desliza
dócilmente entre sus labios
no queriendo separarse de ellos.
Como dos amantes
a punto de distanciarse, sin quererlo,
recorres los aires de la mañana
antes de la despedida.
¿me quieres?
Cómo no habría de quererte
si aquella noche sorprendente
hollaste mi piel acerada,
y tus verdes ojeadas hacen
que mis añejas piedras revivan
como posesión desenmascarada.
Ella queda en silencio,
en sus pensamientos
sólo un deseo el regreso.
Otro mundo es posible,
cerrando los ojos repasa,
escucha, huele,
graba en su mente
la fina forma de la brisa,
no quiere olvidar nada.
Allí rodeada de extraños,
en el tráfago de las calles,
mira con pasión
las siluetas de tu arquitectura animada,
el regreso no se hará esperar.