IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Observan la suerte,
los que perecen obligados,
a no cuestionar toda circunstancia,
esencia de una vida que es cárcel,
y conformidad podrida,
escuchan solo para decirte lo que escuchan,
y nadie comprende su burbuja,
nadie enciende sus sentidos,
y cuando no se expresa ni se transmite,
la tristeza tampoco se explica,
la codicia del viento, es permanente,
puramente es clamor,
toda vida nace gritando,
implorando para suprimir todo sentido,
percepciones decapitadas,
la tristeza mas pesada,
es la que nos hace alejarnos de la noche,
para sentirnos transparentes,
invisibles hasta en la propia soledad,
no hay fiereza,
si la finitud se remonta a la pena,
no hay consciencia,
si la mentira se impone
como la primera y última realidad,
no hay certeza,
cuando los años se escapan,
hay simpleza agrietada,
la suerte venenosa,
nos ignora ante el olvido,
colapsan los sentidos,
abrumados de tanto insinuar conocimiento,
eclipsados de tanto percibir,
que toda luz astral,
colapsa ante la negritud de su muerte,
de su zozobra eterna,
viven los dichosos,
si supieran que caminan
sobre un infierno acostumbrado
a la ilusión de un cielo condenado,
si supieran que la dicha,
solo se entiende cuando no hay razones,
porque toda razón
se quiebra ante el ardor del saber,
y no hay noche que sea guarida,
cuando las estrellas caen sin sustento.
los que perecen obligados,
a no cuestionar toda circunstancia,
esencia de una vida que es cárcel,
y conformidad podrida,
escuchan solo para decirte lo que escuchan,
y nadie comprende su burbuja,
nadie enciende sus sentidos,
y cuando no se expresa ni se transmite,
la tristeza tampoco se explica,
la codicia del viento, es permanente,
puramente es clamor,
toda vida nace gritando,
implorando para suprimir todo sentido,
percepciones decapitadas,
la tristeza mas pesada,
es la que nos hace alejarnos de la noche,
para sentirnos transparentes,
invisibles hasta en la propia soledad,
no hay fiereza,
si la finitud se remonta a la pena,
no hay consciencia,
si la mentira se impone
como la primera y última realidad,
no hay certeza,
cuando los años se escapan,
hay simpleza agrietada,
la suerte venenosa,
nos ignora ante el olvido,
colapsan los sentidos,
abrumados de tanto insinuar conocimiento,
eclipsados de tanto percibir,
que toda luz astral,
colapsa ante la negritud de su muerte,
de su zozobra eterna,
viven los dichosos,
si supieran que caminan
sobre un infierno acostumbrado
a la ilusión de un cielo condenado,
si supieran que la dicha,
solo se entiende cuando no hay razones,
porque toda razón
se quiebra ante el ardor del saber,
y no hay noche que sea guarida,
cuando las estrellas caen sin sustento.