Poeta en Silencio
Enrique
La noche es una flor que nos devora
sin prisa desde el interior del sueño.
Cavadora en cada ácido recuerdo
es bella en la frialdad de sus corolas,
(hembra acariciadora
que al aire te presentas
con una amarga rítmica de estelas).
Su savia camuflada huele a sombra,
a quieto torbellino;
tiene el andar azul de la tristeza
y la voz de nostálgicos pistilos.
La noche va pisando el mundo a tientas
al buscar la razón de los que aman
y que abrazan a todos por instinto.
Ella busca entre atmósferas de dalias
donde muerde el pulmón de sus dormidos
que despiertan con llanto la mirada.
sin prisa desde el interior del sueño.
Cavadora en cada ácido recuerdo
es bella en la frialdad de sus corolas,
(hembra acariciadora
que al aire te presentas
con una amarga rítmica de estelas).
Su savia camuflada huele a sombra,
a quieto torbellino;
tiene el andar azul de la tristeza
y la voz de nostálgicos pistilos.
La noche va pisando el mundo a tientas
al buscar la razón de los que aman
y que abrazan a todos por instinto.
Ella busca entre atmósferas de dalias
donde muerde el pulmón de sus dormidos
que despiertan con llanto la mirada.
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