†•Luciand•†
Poeta recién llegado
.:.Saludos.:.
En esta ocasión dejo un trío de fragmentos:
Nunca había conocido unas bocas tan móviles como las que ostentaban estas muchachas.
Las señoritas C., E. e I. tenían la extraña costumbre, aún cuando yo las desmembraba con la mirada, de hablar por doquier y de doquier. Por los codos y de los codos.
No callaban ni se hacían callar; más que hablar, berreaban de forma, quizás, muy elegante pero muy sonora.
De todo y por todo. Su abanico de expresiones era tan inmenso que nunca sentí la necesidad de seguir sus coloquios.
XII
No se puede ser más cruel que tratando de ser misericordioso. A menudo se confunde la lástima con la obligación y uno llega a ser santo porque su sociedad así se lo ordena.
En ese caso, ¡beaticémonos todos y creemos un santoral superlativo! Donde se de cabida a nuestras misericordias, verborreas y obligaciones.
En honor a la sociedad.
Estatuas de hierro, riachuelos salinos acaso naranjas, una gaviota durante el bosque con pico roto o cristales de nubes entre las nubes.
Cables que conectan la tierra y el cielo; el cielo y la tierra contra los intrusos y su único desarrollo natural, truncado por el océano vertiginoso. A veces el aire deja de ser viento y el desierto expande sus piernas de hueso impunemente.
Más lejos, denso, muerto.
También vertiginoso porque la arena es un mal ejército.
Podría admirar el sosiego de Constable sobre el lienzo y los aceites de hecho, lo hago muchas veces; me refiero a que podría admirar su naturalidad pero no puedo hacerlo en términos humanos o memorísticos porque apenas recuerdo sus cuadros en mi tierra.
O quizás es que nunca existieron.
... Estatuas de hierro, cobre, eclécticas y eléctricas... frente al prado germinal y poco naciente.
En esta ocasión dejo un trío de fragmentos:
SOBRE LAS SEÑORITAS C., E. E I.
Nunca había conocido unas bocas tan móviles como las que ostentaban estas muchachas.
Las señoritas C., E. e I. tenían la extraña costumbre, aún cuando yo las desmembraba con la mirada, de hablar por doquier y de doquier. Por los codos y de los codos.
No callaban ni se hacían callar; más que hablar, berreaban de forma, quizás, muy elegante pero muy sonora.
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De todo y por todo. Su abanico de expresiones era tan inmenso que nunca sentí la necesidad de seguir sus coloquios.
XII
No se puede ser más cruel que tratando de ser misericordioso. A menudo se confunde la lástima con la obligación y uno llega a ser santo porque su sociedad así se lo ordena.
En ese caso, ¡beaticémonos todos y creemos un santoral superlativo! Donde se de cabida a nuestras misericordias, verborreas y obligaciones.
En honor a la sociedad.
VIII
Estatuas de hierro, riachuelos salinos acaso naranjas, una gaviota durante el bosque con pico roto o cristales de nubes entre las nubes.
Cables que conectan la tierra y el cielo; el cielo y la tierra contra los intrusos y su único desarrollo natural, truncado por el océano vertiginoso. A veces el aire deja de ser viento y el desierto expande sus piernas de hueso impunemente.
Más lejos, denso, muerto.
También vertiginoso porque la arena es un mal ejército.
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Podría admirar el sosiego de Constable sobre el lienzo y los aceites de hecho, lo hago muchas veces; me refiero a que podría admirar su naturalidad pero no puedo hacerlo en términos humanos o memorísticos porque apenas recuerdo sus cuadros en mi tierra.
O quizás es que nunca existieron.
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... Estatuas de hierro, cobre, eclécticas y eléctricas... frente al prado germinal y poco naciente.
Luciand