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Treinta y siete

cuatrolíneas

Poeta recién llegado
I
Me siento mareado pensando en mi anhelo de resucitar,
querer volver a acariciar tu mano tocando mi piel,
el trono de las cinco catas ha sido destrozado,
al fin mi piel será divina,
ahora que la conocerás completamente,
te permito escribir mil poemas sobre ella.


Ha llegado la hora de alejarse del viejo reloj de arena,
ahora es la hora de cortar las cuerdas de la guitarra,
de robarle al ladrón,
de besar a mi vieja amante,
tentación, tentación,
conmoción...
ansias de construir una nueva torre para vigilarte,
para verte a lo lejos,
para vivir con la ilusión de tu piel.


Ya llegará el momento para llorar cristal
y mostrarte mis poemas,
de disfrazarme de ángel
y cuidar tu alma,
he tramado esto por años.
¡Abrázame, la gloria nos ha bendecido!


II
Manos sudadas,
tirita el alma fría y melancólica,
pensando en tu persona,
en aquellas promesas de eternidad que alguna vez tanto amé,
en esas noches de risas y felicidad que siempre recordaré.


Sigo pintando nuestra obra simbolista,
me inspiro en ese poema que traje del desierto,
ese que tomé del artesano más pobre,
le he robado al hombre más pobre de la tierra,
me acaban de asaltar,
y me reconozco en sueños
pero me desconozco en la vigilia.


Tiritan las manos,
se está nublando el cielo de la tierra,
ahora es cuando comprendo cómo te sentiste antes de morir,
antes de partir,
antes de que yo entendiese,
antes de que supiera lo que realmente pasaba.


Sigo escribiendo ese poema negro,
de mil colores
que carecen de la luz que me motiva,
ahora se ha acabado lo que tenía,
la joya más preciada del joyero,
la obra más gloriosa del señor embustero,
la canción más melancólica del hombre que cantaba mirando hacia abajo,
tapado, bajo su sombrero.
 
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