Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Le hablé,
aunque de Él sólo quedaba
marfil
sobre el que habían orinado un cemento
que se le había enquistado
decidido a absorber así algo de su pureza
a duras penas incorruptible.
El cemento esnifaba los hilos de polvo de muerto
que se desprendían de Él cada día.
Yo escuchaba esta deglución a través de las paredes.
Acabaría por devorarlo por completo;
pero yo
no podía hacer nada
salvo oír sus quejidos rebañados
y sus últimas mentiras.
aunque de Él sólo quedaba
marfil
sobre el que habían orinado un cemento
que se le había enquistado
decidido a absorber así algo de su pureza
a duras penas incorruptible.
El cemento esnifaba los hilos de polvo de muerto
que se desprendían de Él cada día.
Yo escuchaba esta deglución a través de las paredes.
Acabaría por devorarlo por completo;
pero yo
no podía hacer nada
salvo oír sus quejidos rebañados
y sus últimas mentiras.