BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
No quiero ya pensar.
En los labios surge la enésima
palabra. Apenas la senda
se realiza en ellos, de forma minúscula.
Mas, a través de los espejos,
se forman nubes fragmentadas.
Lluvia que cae en laterales direcciones,
y ahora llueve también en mis ojos.
Caen las pesadas nebulosas
enterrando palabras, ídolos, antiguas
opulencias: sepultando el cielo.
Me brota la ínclita palabra, sí,
obedeciendo a fórmulas incomprensibles.
Aún creyendo que los labios la forman-
arenas o cenizas, unen sus apropiados
estamentos-, aún, y todavía, mintiéndome.
Soy poco de este mundo, lo reconozco.
Mas, en estas palabras, termino o zanjo
las cuestiones: bondades, suplicios, sacrificios
solitarios.
Un delta de pasiones perdidas o desbordadas.
Ríos de ternura que forjaron su imagen
en ese traje que muestra siempre la inocencia.
La memoria me desdice; cruentas guerras libré
en los espacios convenidos, y tan torpemente.
Pies de este mundo, rocío transparentes, escarchas
pieles secas, que pisaron obligadamente
el charco de las incertidumbres.
Así, naciendo yo, voy lentamente
hacia el cielo-.
©
En los labios surge la enésima
palabra. Apenas la senda
se realiza en ellos, de forma minúscula.
Mas, a través de los espejos,
se forman nubes fragmentadas.
Lluvia que cae en laterales direcciones,
y ahora llueve también en mis ojos.
Caen las pesadas nebulosas
enterrando palabras, ídolos, antiguas
opulencias: sepultando el cielo.
Me brota la ínclita palabra, sí,
obedeciendo a fórmulas incomprensibles.
Aún creyendo que los labios la forman-
arenas o cenizas, unen sus apropiados
estamentos-, aún, y todavía, mintiéndome.
Soy poco de este mundo, lo reconozco.
Mas, en estas palabras, termino o zanjo
las cuestiones: bondades, suplicios, sacrificios
solitarios.
Un delta de pasiones perdidas o desbordadas.
Ríos de ternura que forjaron su imagen
en ese traje que muestra siempre la inocencia.
La memoria me desdice; cruentas guerras libré
en los espacios convenidos, y tan torpemente.
Pies de este mundo, rocío transparentes, escarchas
pieles secas, que pisaron obligadamente
el charco de las incertidumbres.
Así, naciendo yo, voy lentamente
hacia el cielo-.
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