Trafalgar
Ordenaba el almirante
zarpar con la madrugada
decenas de naves a ciegas,
las últimas con el alba
obedecen la ordenanza.
Unidos para la ocasión
en una ardua misión,
españoles y franceses
con dotaciones de leva.
Retados en duelo a muerte
con súbditos de la reina
duros bravíos ingleses,
piratas en todos los mares
curtidos en mil reveses.
Quieren esperar los vientos
para maniobrar con soltura,
esas naos tan pesadas
de tan gran arboladura.
Con la suerte a su favor
los británicos ya cuentan,
ellos son más numerosos
en calma la mar encuentran.
Ocultos entre la bruma
los aliados les hallan,
en el Cabo de Trafalgar
para su mal o fortuna.
Las señales son tajantes
combatir hasta la muerte
y a dotaciones tan bravas
que Dios les reparta suerte.
Rompen las líneas aliadas
por el centro los ingleses,
iniciando el zafarrancho
entrando en duros combates
sin llegar al abordaje.
Algunos navíos franceses
ignorando las señales
que le obligan a la lid,
rehúsan como cobardes
huyendo los miserables.
Huele a pólvora y a muerte
nadie arría la señal
que le indique a su rival
que abandona la batalla.
Naufragan los ingleses
que dirigen la contienda,
los gabachos valerosos
van cayendo lentamente,
la sangría de los hispanos
se escapa como un torrente.
Tarda pero va acallando
el retumbar de cañones,
los que no logran huir
( ya hay millares de muertes )
arrían su enseña prudentes,
porqué saben que han cumplido
como cumplen los valientes.
Ordenaba el almirante
zarpar con la madrugada
decenas de naves a ciegas,
las últimas con el alba
obedecen la ordenanza.
Unidos para la ocasión
en una ardua misión,
españoles y franceses
con dotaciones de leva.
Retados en duelo a muerte
con súbditos de la reina
duros bravíos ingleses,
piratas en todos los mares
curtidos en mil reveses.
Quieren esperar los vientos
para maniobrar con soltura,
esas naos tan pesadas
de tan gran arboladura.
Con la suerte a su favor
los británicos ya cuentan,
ellos son más numerosos
en calma la mar encuentran.
Ocultos entre la bruma
los aliados les hallan,
en el Cabo de Trafalgar
para su mal o fortuna.
Las señales son tajantes
combatir hasta la muerte
y a dotaciones tan bravas
que Dios les reparta suerte.
Rompen las líneas aliadas
por el centro los ingleses,
iniciando el zafarrancho
entrando en duros combates
sin llegar al abordaje.
Algunos navíos franceses
ignorando las señales
que le obligan a la lid,
rehúsan como cobardes
huyendo los miserables.
Huele a pólvora y a muerte
nadie arría la señal
que le indique a su rival
que abandona la batalla.
Naufragan los ingleses
que dirigen la contienda,
los gabachos valerosos
van cayendo lentamente,
la sangría de los hispanos
se escapa como un torrente.
Tarda pero va acallando
el retumbar de cañones,
los que no logran huir
( ya hay millares de muertes )
arrían su enseña prudentes,
porqué saben que han cumplido
como cumplen los valientes.