Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Trabajando con la muerte
A una hora y en un lugar,
cuando el tiempo estaba entretenido,
tuvo el espacio la ocasión
de amanecer, haber nacido.
En una noche de los roces,
la oscuridad que eran las voces,
tuvo luz y tuvo instinto,
ya nunca fue sin luna,
ya nunca fue el azote.
Y pasaron muchos tiempos,
como si el tiempo fueran muchos,
y después de dos intentos
y con un solo momento,
hubo sed de la tiniebla
cabalgando a cuatro monstruos.
Me enseñaron a las bestias,
cuando yo no era bestia,
y pregunté por los jinetes;
la respuesta fue modesta:
trabajando con la muerte.
Pero yo, que siempre observo,
comprendí en la cuadra aquella
que los monstruos eran niños;
y otros eran los espejos,
muchos ojos, pocos brillos,
esperando a la maestra.
A una hora y en un lugar,
cuando el tiempo estaba entretenido,
tuvo el espacio la ocasión
de amanecer, haber nacido.
En una noche de los roces,
la oscuridad que eran las voces,
tuvo luz y tuvo instinto,
ya nunca fue sin luna,
ya nunca fue el azote.
Y pasaron muchos tiempos,
como si el tiempo fueran muchos,
y después de dos intentos
y con un solo momento,
hubo sed de la tiniebla
cabalgando a cuatro monstruos.
Me enseñaron a las bestias,
cuando yo no era bestia,
y pregunté por los jinetes;
la respuesta fue modesta:
trabajando con la muerte.
Pero yo, que siempre observo,
comprendí en la cuadra aquella
que los monstruos eran niños;
y otros eran los espejos,
muchos ojos, pocos brillos,
esperando a la maestra.