Halloran
Poeta asiduo al portal
TONTO EL QUE LO LEA
Tonto el que lo lea: es tontería
andar hoy en día con la poesía.
¡Análisis financieros!
Léanlos primero, háganme caso:
averigüen cómo cotizan las acciones,
por dónde se mueven los millones,
cuál es el estado del mercado.
Inviertan en eléctricas
(tus besos son electrizantes)
y aumenten su capital.
Las revistas del corazón salen los jueves:
acudan a ellas si informarse quieren
de quién ama a quién,
de quién dejó a quién,
de quién folló con quién,
de quién engañó a quién
y de cómo es la casa del famoso de turno
(qué vacía la mía sin ti),
a años-luz de las de los vulgares mortales.
Para los muy pervertidos: los autoindefinidos
de los diarios.
Llevan más cosas: las llaman noticias,
aquello que pasa aquí y en el mundo:
violencia doméstica,
atracos con tiros,
alguna guerra,
un discurso vacío
del político de moda...
El papel, después, sirve para proteger
el suelo de la cocina del aceite que salta
de la sartén.
En las noticias está la verdad
(mi verdad eres tú)
aunque no haya verdad en las noticias.
Las novelitas rosa
ya son otra cosa.
Agarren un pañuelo, lean y lloren
con los males de amores imaginados
entre imposibles parejas de enamorados:
no faltará el hijo clandestino
del cornudo del vecino
ni la amante de un cura...
lo que vende, lo que funciona, perdura.
Lean sobre vidas inventadas,
sufridas, tristes, atormentadas
(qué triste este no-tú)
con finales felices.
O lean un buen ensayo:
salen muchos cada año.
Explican lo inexplicable,
las verdaderas razones de la crisis,
los manejos del poder,
las verdades de la ciencia,
las posibilidades tecnológicas del futuro...
Léanlos: no sean tarugos
y conozcan el mundo donde viven
(ojalá te conociera cada noche)
y las leyes inexorables que lo guían.
O vayan delante de la tele,
no sea que de leer les de un telele.
La tele no miente, ilustra, alecciona...
Nos muestra preciosos ejemplos de vida:
aquella que antes era una perdida
triunfa ahora como contertulia;
el otro, border line reconocido,
es hoy un producto bien vendido
y un líder de masas.
¡Y consigan modernos politonos
(qué alegría si te consiguiera)
o más modernos aún sonitonos!
Háganme caso, aprovechen su vida
en cuestiones mucho más edificantes
que andar leyendo versos.
Por eso, lo dicho:
tonto el que lo lea, porque es tontería
andar hoy en día con la poesía.
Tonto el que lo lea: es tontería
andar hoy en día con la poesía.
¡Análisis financieros!
Léanlos primero, háganme caso:
averigüen cómo cotizan las acciones,
por dónde se mueven los millones,
cuál es el estado del mercado.
Inviertan en eléctricas
(tus besos son electrizantes)
y aumenten su capital.
Las revistas del corazón salen los jueves:
acudan a ellas si informarse quieren
de quién ama a quién,
de quién dejó a quién,
de quién folló con quién,
de quién engañó a quién
y de cómo es la casa del famoso de turno
(qué vacía la mía sin ti),
a años-luz de las de los vulgares mortales.
Para los muy pervertidos: los autoindefinidos
de los diarios.
Llevan más cosas: las llaman noticias,
aquello que pasa aquí y en el mundo:
violencia doméstica,
atracos con tiros,
alguna guerra,
un discurso vacío
del político de moda...
El papel, después, sirve para proteger
el suelo de la cocina del aceite que salta
de la sartén.
En las noticias está la verdad
(mi verdad eres tú)
aunque no haya verdad en las noticias.
Las novelitas rosa
ya son otra cosa.
Agarren un pañuelo, lean y lloren
con los males de amores imaginados
entre imposibles parejas de enamorados:
no faltará el hijo clandestino
del cornudo del vecino
ni la amante de un cura...
lo que vende, lo que funciona, perdura.
Lean sobre vidas inventadas,
sufridas, tristes, atormentadas
(qué triste este no-tú)
con finales felices.
O lean un buen ensayo:
salen muchos cada año.
Explican lo inexplicable,
las verdaderas razones de la crisis,
los manejos del poder,
las verdades de la ciencia,
las posibilidades tecnológicas del futuro...
Léanlos: no sean tarugos
y conozcan el mundo donde viven
(ojalá te conociera cada noche)
y las leyes inexorables que lo guían.
O vayan delante de la tele,
no sea que de leer les de un telele.
La tele no miente, ilustra, alecciona...
Nos muestra preciosos ejemplos de vida:
aquella que antes era una perdida
triunfa ahora como contertulia;
el otro, border line reconocido,
es hoy un producto bien vendido
y un líder de masas.
¡Y consigan modernos politonos
(qué alegría si te consiguiera)
o más modernos aún sonitonos!
Háganme caso, aprovechen su vida
en cuestiones mucho más edificantes
que andar leyendo versos.
Por eso, lo dicho:
tonto el que lo lea, porque es tontería
andar hoy en día con la poesía.